ADN mexiquense

La cultura de la intimidación y el miedo

La aspiración de todo jefe de familia responsable es brindarle a los integrantes de su núcleo una vida digna que haga de todos sus dependientes ciudadanos de bien, el reto es muy grande, pocos lo alcanzan, otros quedan en el intento y los más se ven sometidos a los caprichos del poder para hacer lo que le conviene a quien manda y no a los intereses de las mayorías previo una amenaza o intimidación.

Los procesos electorales son el ejemplo más real y claro de lo que está sucediendo con los jefes de familia que por miedo a perder su empleo que dicho sea de paso no es bien remunerado, se someten a las amenazas e intimidaciones de quienes detentan el poder y los obligan a comprometerse con proyectos de grupo y no en beneficio de las mayorías.

La situación económica es cada vez más compleja en las familias mexicanas que viven con ingreso entre 2 a 4 salarios mínimos en promedio, es lo que las hace vulnerables a recibir presiones y amenazas para que se sometan a los intereses del poder.

Las elecciones presidenciales de 2012 fueron cuestionadas por la existencia de tarjetas para los establecimientos de una cadena departamental operadas por la empresa Monex, que fueron dadas a los electores como condición para que votaran por un partido.

En 2015 en las elecciones intermedias, se repitió el patrón del proceso de 2012, esta vez no hubo tarjetas de tiendas departamentales, ahora se repartieron televisiones de pantalla plana con el pretexto de que era el fin de la televisión análoga.

Los electores creyeron y cayeron y muchos vendieron sus pantallas y lo destinaron a algo más importante que ver televisión, en alimentos para su familia.

Y seguramente en las elecciones de este año que habrá en algunas entidades el patrón se repetirá con otros mecanismos, pero al final de cuentas con el mismo propósito la compra de conciencias, vía la intimidación y el miedo para someterlos.

Este fenómeno de continuar así, será una cultura y las campañas políticas y procesos electorales de cualquier índole dejarán de ser eso y se convertirán en jornadas de intimidación, miedo y sometimiento de las personas muy a su pesar.

Qué lástima que ante la ausencia de creatividad y propuestas, los grupos de poder se abalancen ante la población más vulnerable para someterla a sus caprichos y dejarles claro que las cosas son así porque así conviene a quien tiene el dinero y si no quieren perder su empleo pues que acepten las cosas y peor aún para quienes no tienen trabajo no les queda de otra que recibir lo que les dan y sufragar en consecuencia.

El que se condicione a las personas no solo es deleznable sino que es la prueba de la ineficacia de una campaña política y de la falta de autoridad real por parte de las autoridades electorales y de las judiciales para evitar que se propague este fenómeno en perjuicio de las mayorías.