ADN mexiquense

La crisis de credibilidad

En el mes de septiembre, conocido como el mes patrio, coinciden con los festejos la presentación de informes de labores de gobernantes del Presidente de la República, gobernadores y del jefe del Distrito Federal, en el que aparentemente se rinde cuentas a los gobernados, pero siempre es un evento al que asiste -previa acreditación- un selecto grupo de personas "disque" representantes de todos los sectores sociales.

La rendición de cuentas, va más allá del significado básico "el Estado de ser sujeto a la obligación de reportar, explicar o justificar algo; ser sujeto y responsable para dar cuentas y responder a preguntas".

Es además la obligación de todos los servidores públicos de dar cuentas, explicar y justificar sus actos al pueblo, que es el último depositario de la soberanía.

Lamentablemente no se cumple con el fundamento esencial de la rendición de cuentas, pues el pueblo el más ignorado cuando los gobernantes realizan un evento para dar a conocer lo que se hizo con el dinero del pueblo en un periodo de un año.

Los comerciantes, los obreros, los taxistas, las amas de casa, los maestros, los albañiles y en fin todas las mujeres y los hombres trabajadores de este país que son el soporte de la economía y de la poca estabilidad social que hay, nunca son tomados en cuenta.

Dan por hecho los gobernantes que esos hombres y mujeres trabajadoras son representados por los líderes de las organizaciones gremiales y sociales que si son invitados y que esos dirigentes serán los que transmitan el mensaje de lo que hizo el gobierno en un año.

Lamentablemente esos representantes de los sectores sociales y gremiales, son la mayoría gente ligada al gobierno o peor aún personas designadas en esos lugares por el propio aparato gubernamental. Con eso se prueba que se está rindiendo cuentas al pueblo.

Empero, la realidad es otra, la sociedad, no cree en las cuentas ni en los reportes que recibe del gobierno, de lo que se hizo y de lo que se está haciendo y los "beneficios" que obtuvo la población con la ejecución de ciertas políticas públicas.

Ante la ausencia de una auténtica rendición de cuentas en las que la gran mayoría de la población acepte los resultados que les presentan, queda claro que la crisis de credibilidad y por tanto de legitimidad es la que permea, y eso es peligroso pues las personas cada vez se sienten más ignoradas y puede en cualquier momento alzar la voz.

Es difícil que los informes de gobierno algún día sean realmente para el pueblo, pero al menos lo que espera el pueblo es que las cifras sean reales y no utópicas como lo sienten hasta ahora.