ADN mexiquense

Reconocimientos y aplausos

Regularmente después de la intervención de un orador, conferencista o ponente ante un público heterogéneo u homogéneo, se les aplaude como una forma de corresponder y reconocer a las personas por la exposición que hicieron, incluso si cautivan a su auditorio los aplausos son prolongados.

Lamentablemente en muchos casos, los aplausos no son por reconocimiento al expositor sino más bien como protocolarios, por no decir obligados, porque así lo establece la norma social y política.

A lo largo de mi vida como periodista y como académico he tenido la oportunidad de estar en diferentes foros, como expositor y como asistente, y he atestiguado que los aplausos son en su mayoría meramente formalismo y muy pocos espontáneos, que con ello reconozcan a quien ha hecho uso de la palabra por haberse sentido cautivado por el discurso o por la disertación del tema.

Hoy en día todavía en los municipios rurales una ceremonia que presida el alcalde o alcaldesa, que está calculada para que dure 40 a 50 minutos, muchas veces se prolonga hasta media hora y una hora más de los previsto, por la cantidad de interrupciones que hay cuando la autoridad municipal está haciendo uso de la palabra.

La gente asistente a esos eventos le aplaude a cada rato, y no necesariamente porque esté siendo cautivada por el orador, sino porque es una costumbre hacerlo cada que hace una pausa durante su intervención, obvio ese espacio de silencio lo hace con la intención de que le aplaudan y aplaudan muchas veces, es para sentirse adulado más no porque realmente lo consiga.

También he sido testigo de encuentros de periodistas con personajes de la clase política, así como con los círculos intelectuales y académicos, y mis compañeros de vocación, no aplauden ni ovacionan al orador.

Y no porque los periodistas sean de otra galaxia y por eso no aplauden, lo que pasa es que en esos eventos y reuniones con personajes de los diversos círculos, los periodistas están haciendo su trabajo, poner atención, tomando nota, para informar del suceso.

Además no están obligados a aplaudir, porque no es un evento de ellos, se les convoca para que por medio de su trabajo, los periodistas difundan la información que se les hace llegar a través del orador.

Me ha tocado presenciar extraordinarias exposiciones y conferencias, escuchar excelentes discursos, de oradores que han logrado captar la atención de un público heterogéneo y numeroso y que ha sido cautivado por que está en el micrófono y al término de su intervención el aplauso es prolongado y muchas veces hasta vitoreado por el extraordinario manejo de la tribuna.

Ojalá la ovación deje de ser un formalismo y una obligación y sea lo que realmente significa, un reconocimiento a quien lo merezca por la brillantez de su discurso y la calidez de su mensaje.