ADN mexiquense

Leopoldo Flores y su paso a la inmortalidad

"... La universidad no tiene horizontes, la universidad es infinita", Leopoldo Flores.

El domingo 3 de abril el mundo del arte y la cultura se vistió de luto, el pintor, escultor y muralista, Leopoldo Flores, cerró los ojos definitivamente para partir de este mundo terrenal y dar el paso a la inmortalidad.

Tuve la oportunidad de entrevistarlo en tres ocasiones, de cada una tengo gratos recuerdos, un mar de enseñanza y un dejo de nostalgia porque a pesar de que pasaba horas en esos encuentros, el tiempo se iba en un suspiro y siempre me quedaba con esa inquietud de que me hizo falta más para tener completa la entrevista.

De igual forma fui uno de los afortunados para cubrir los eventos en los que él fue protagonista, más de diez, ya fuera porque me enviaban a la inauguración de sus exposiciones, o a ceremonias donde recibía reconocimientos y premiaciones.

Tengo muy presente mis primeras incursiones en el periodismo, el jefe de información me mandó a las 6 de la tarde a la cámara de diputados a la inauguración de la exposición de la obra el Hilo de Ariadna, del maestro Leopoldo Flores, obra en la que retoma el mito del Minotauro hambriento, llevándolo a la época actual, en que el hombre se convierte en bestia antropófaga.

En ese evento se transmitió un video en el que se hacía la explicación de la obra y una entrevista al compañero que sirvió de modelo para pintar al Minotauro, fue tanta mi impresión de ver al modelo envuelvo en papel celofán y los movimientos que tuvo que hacer para que el artista los plasmara en la pintura, que al terminar el evento me interesé más por entrevistar al modelo que al artista, pues pensé que lo que quería saber de la obra ya lo había explicado Polo en la presentación de la exposición.

Esa experiencia se la comenté al internacional Polo Flores unos años después en una entrevista que le hice en 1992 en la Procuraduría de Justicia del Estado de México, donde se expone el mural "En Búsqueda de la Justicia" de su autoría. Hizo una mueca sonriente y me dijo "bueno al menos tuvo el modelo su día de fama".

Y así muchos otros encuentros, todos agradables, todos con una profunda enseñanza, de todos una anécdota y de todos algo nuevo.

Aprendí de él que el precio de la libertad es muy alto, pero es de los que vale la pena pagar, porque es lo que siempre hará la diferencia entre los hombres.

Leopoldo Flores dejó este mundo terrenal, pero desde el domingo 3 de abril, ya es inmortal, su obra será el fiel testigo de su vigencia en esta generación, en la que viene detrás de nosotros y en muchas otras tantas que seguramente sabrá de la existencia de este hombre que vivió y voló con toda libertad y fiel al mezcal como su bebida de cabecera. Salud.