ADN mexiquense

Iguala, Tlatlaya, no hay diferencia

Nuevamente México es el centro de atención de la comunidad internacional, no por haber ganado un premio Nobel de los que se dieron a conocer en el transcurso de esta semana, lamentablemente por los hechos violentos que se han registrado y que han puesto en evidencia la falta de orden que han quebrantado por enésima vez al multicitado Estado de Derecho.

Iguala o Tlatlaya, no hay diferencia, en ambos hubo ejecuciones a sangre fría, en un evento los protagonistas fueron policías y en el otro integrantes del Ejército mexicano.

Por el tipo de víctimas Iguala es el que más capta la atención y la indignación de la comunidad internacional, porque se trata de estudiantes que su único delito fue haber realizado una protesta en un espacio controlado por el narcotráfico con la complicidad de la autoridad local.

Es atroz que mientras los familiares de las víctimas continúan exigiendo justicia y que quieren ver vivos a sus familiares desaparecidos, el conflicto se traslade a la disputa política por deslindar responsabilidades y no por dar con los responsables de tan indignante hecho que pone en entredicho la credibilidad de las instituciones policíacas y gubernamentales.

Los acontecimientos en Tlatlaya, de igual forma mantienen en alerta a la sociedad mexicana y a la internacional porque a pesar de que hay militares detenidos por esos hechos aún no se ha esclarecido a bien cuantos fueron, quien dio la orden y las razones por las cuales tomaron la decisión de ejecutar a los delincuentes que ya se habían rendido.

Peor aún hay quienes ya están buscando sacar ventaja política de estos acontecimientos con miras al proceso electoral de 2015, mientras que los familiares de las víctimas y de los desaparecidos en Iguala exigen que sea aclaren los hechos y se detenga a los responsables.

Que indignante es que se aprovechen de una tragedia para pronosticar un resultado electoral favorable, sin importar que el país sea el centro de atención internacional por la expansión en nuestro territorio de la delincuencia organizada.

Sí porque los delincuentes ya tienen presencia en los círculos del poder público, ¿cómo? Colocando a sus lugartenientes como candidatos o como jefes de las policías locales o bien al frente de dependencias en complicidad con las autoridades.

Iguala es un ejemplo de la presencia del narcotráfico en el Poder público, pero si se le escarba más podrán detectar muchos municipios donde la delincuencia es la que gobierna a través de personajes que en apariencia son dignos representantes populares, pero que en la realidad sirven a los intereses de la perversidad y la maldad.

La crisis social que se vive en el Estado de México, en Guerrero y en general en todo el país, es algo que se toleró desde hace varios años y ahora es un cáncer que afecta a toda la sociedad y pone a los habitantes honestos a merced de la delincuencia que en cualquier momento pueden ser víctimas sino se someten a los intereses de esta perversidad.

No en vano captamos la atención internacional sobre la crisis de inseguridad que se vive y que en el extranjero cualquier mexicano sea sinónimo de delincuente. Qué pena.