ADN mexiquense

Identidad al gusto de la autoridad en turno

Las costumbres, tradiciones, expresiones artísticas y culturales, la vestimenta y otros factores es lo que hacen posible identificar una comunidad de otra, y es precisamente esa distinción es lo que hace posible tener historia cultural.

Un ejemplo las ceremonias inaugurales de olimpiadas de Barcelona 1992 y las de 1996 en Atlanta, quedó claro que ni la tecnología ni el derroche de recursos de los Estados Unidos para hacer lucir el evento, fueron capaces de opacar el evento artístico presentado por los españoles cuatro años antes.

¿Por qué? La respuesta es muy fácil y sencilla, un país probó que tiene historia, tradiciones, costumbres y cultura, mientras que el otro no lo tiene y que su única bandera es el nacionalismo de sus ciudadanos. Hoy por hoy en el recuento de las historias, muchos recuerdan la inauguración de esos juegos olímpicos de Barcelona 1992, y de los de Atlanta ni quien hable de ellos.

Ahora bien, en México lamentablemente la globalización por un lado y los caprichos de las autoridades en turno por el otro, han provocado que poco a poco los ciudadanos sientan menos identificación con sus costumbres, tradiciones y cultura y con su comunidad.

Porque en los gobiernos de al república y de los estados cada seis años el presidente en turno y el gobernador de cada una de las entidades, quiere darle su propio toque e imponer sus decisiones para que nos identifiquemos con ellas y esas sean por seis años lo que nos identifique como ciudadano mexicano o mexiquense en este caso.

Empero en el nivel de gobierno municipal la situación es peor, porque cada tres años nos imponen una nueva identidad para que sea el que le dé un distintivo al gobierno en turno.

Toluca ha tenido varias denominaciones desde capital de altura, capital con futuro, municipio educador a capital con valor, por citar algunos de los símbolos de identidad que cada administración le quiere dar a la demarcación sede de los tres Poderes del estado.

Lo grave en estos caprichos de las autoridades por darle su toque distintivo a su administración y de tratar de imponer una nueva identidad al municipio, es que esos gustos nos cuestan a los contribuyentes, mucho dinero.

Pues no solo se gasta en un despacho de diseño, sino también en la impresión de hojas membretadas, el uso de espectaculares, anuncios de radio y televisión y todo con tal de que la gente ubique al nuevo gobierno.

Y no importa que el presidente municipal en turno sea del mismo partido que quien lo antecedió, es cuestión de egos y no de partidos políticos el poner su toque distinto al municipio.

El problema es que quienes pagamos los gustos y caprichos de los alcaldes, gobernadores y presidente de la república somos los ciudadanos que cada tres y seis años nos imponen un nuevos símbolo de identidad.

Eso es lo que no se vale que se gaste dinero en algo que no vale la pena y se dejen de atender necesidades que la ciudadanía reclama como por ejemplo combatir la inseguridad que desde hace muchos pero muchos años es el reclamos principal junto con la necesidad de más fuentes de empleo.