ADN mexiquense

Grito de Dolores

Mañana se conmemoran 204 años del inicio de la lucha por la Independencia de México convocado por el cura Miguel Hidalgo al resonar las campanas y dar el grito de libertad en la iglesia de Dolores Hidalgo, Guanajuato. Pero este año en particular el grito de Dolores no será para recordar la hazaña de los insurgentes sino para demandar realmente justicia y libertad.

El grito lo darán las víctimas de los asaltantes a casas habitación, a transeúntes, estudiantes, automovilistas, comerciantes, pequeños empresarios, taxistas, obreros, amas de casa y todos los hombre y mujeres productivos de este país que han sufrido agravios de esta naturaleza.

El grito de Dolores, lo darán los familiares de los miles de mexicanos que han muerto a manos de la delincuencia organizada que hoy domina y tiene atemorizada a toda la población con sus actos violentos e incluso sádicos.

Otro grito que también retumbará será el del dolor de familiares de secuestrados que esperan volver a ver a sus consanguíneos con vida tras estar privados de su libertad y de aquellos que lamentablemente han sido ejecutados por los criminales.

No será menos intenso el grito de las personas que han sufrido el rapto de un menor utilizado para el tráfico de órganos.

Un grito más será el de las miles de padres, madres, hermanos, primos y demás familiares de mujeres víctimas del feminicidio.

Y otros gritos lo darán los inocentes que se encuentran purgando condenas en los reclusorios por delitos que no cometieron.

Quienes hemos sido víctimas directamente de la actividad delincuencial, entendemos perfectamente el grito de dolor y desesperación de todos los que claman justicia y exigen realmente una sociedad con orden y donde se haga valer el estado de derecho y no la demagogia.

Es valido festejar, pero más válido es que se cumpla en los hechos con el espíritu de justicia y libertad que dio origen a la lucha independentista en 1810.

Hoy el país no está sometido al yugo del poder de la corona española, sino al de los criminales que burlan o se reproducen gracias a la complicidad de la autoridad.

El clima de violencia que se vive en gran parte del territorio nacional, seguirá creciendo hasta en tanto no se empiece por lo principal, reconocer la magnitud del problema y la autocrítica a lo que no se ha hecho bien y que ha costado muchas vidas.

Después de eso, entonces habrá no sólo credibilidad, sino confianza de los sociedad en apoyar y aplaudir políticas eficaces y sobre todo en denunciar cuando sea víctima de un agravio.

Ojalá en años próximos no haya estos gritos, y seamos todos los que conmemoremos ese grito de 1810, si se logra revertir la violencia por la tranquilidad a la que tenemos derecho todos.