Cómo explicarle a un niño que nos "va a cargar el payaso"

Se dice que es de sabios cambiar de opinión, y después de leer, escuchar y analizar tantas cosas de la reforma y lo que nos afecta, hice lo que hacen los niños: preguntar ¿por qué, por qué y por qué? Ahí se me abrió el panorama, todo fue claro como agua de río y tan visual como paisaje de Heidi. Aquí va lo que me dejaron esos 5 minutos de iluminación, un diálogo en cualquier lugar de México entre un niño Panchito y su papá, rumbo a la tienda de mascotas.

Preguntaba tímidamente Panchito: “Papá, ¿por qué aumentar impuestos?”.

Un poco distraído contestaba el papá: “Porque se requiere más dinero”.

Insistía Panchito: “¿Para qué más dinero?”.

Casi inmediato contestaba su papá: “Para pagar todo lo que se rob… lo que se gastó y para que puedan darnos luz, parques, agua, drenaje, servicio de basura y todo eso, Panchito”.

Después de pensar un poco, preguntaba de nuevo Panchito: “¿Y no tenía dinero antes gobierno?”.

“Claro que sí, pero todos los del gobierno tienen familia con hijos y esos hijos a veces gastan mucho de ese dinero (en viajes, coches y lujos), además ahora el gobierno tiene que pagar las deudas que tienen, se lo han acabado, y ahora necesitan más”, contestaba el papá molesto al recordar que en México hay mucho dinero.

Panchito, inocentemente preguntaba: “¿Con ese dinero vamos a crecer como los países ricos y seremos ricos?”.

Desilusionado, le contestaba el papá: “No hijo, no vamos a crecer como los países ricos, vamos a sobrevivir, pero con eso confórmate. Y no, tampoco vamos a ser ricos, pero muchos que salen en campaña y en la tele sí van a serlo”, susurrando al final con molestia: “Infelices”.

“¿Papá, y esos que ahora son ricos que salieron en campañas, y los que van a estar ahí, y todos los de gobierno, tienen mucho dinero?”.

“Pues el gobierno, del dinero que pagamos, les paga para que trabajen duro y puedan hacer un mejor país”.

Panchito le exige a su padre, “¡Papá, no mientas!”. A punto estuvo de decirle otra cosa, pero Panchito no quería que su papá lo escuchara decir groserías, sería penoso.

“Bueno, la verdad es que eso es lo que deberían hacer, pero sí, ganan mucho, ganan más que en Europa o en EU, y son muchos más, si fueran igual de eficientes estaríamos hablando de otra cosa”.

Entendiendo cada vez más del tema, Panchito cuestiona: “Oye papá, ¿si hay tanto dinero para pagarles a ellos, por qué no usan parte de ese dinero y no nos quitan a nosotros lo de la escuela, la casa y el perro?”.

Le contesta su papá, queriendo ser muy claro: “Hijo, ¿tú le darías a un compañerito de la escuela 100 pesos?”.

“No, papá; bueno, sólo si es mi amigo, como Carmelito, a él sí”.

“Bueno, es lo mismo, ellos no son amigos tuyos, entonces prefieren que tú pagues a que ellos pierdan eso”, explicó de manera contundente el papá.

“Pero papá, es que nosotros les pagamos a ellos; además, cuando se necesita dinero se tienen que bajar gastos, ¿no?”.

“Mira, Panchito, es como aquí en el casa, yo no me puedo comprar unas caguamas si hay que comprar medicinas o leche. Si necesitamos hacer unos gastos recortamos otros. Pero el gobierno funciona diferente…”.

Un confundido Panchito: “¿Papá, en verdad funciona?”.

“Bueno, el gobierno es mmm… diferente (aunque en verdad quería decirle la verdad, pero Panchito es un niño y se desilusionaría mucho), ellos quieren sacar más lana sin sacrificar su bienestar, porque bajando sueldos, recortando gastos y muchos de estos lujos, podrían llegar a ser una clase política austera, tal y como la mayoría de la sociedad es. Si tuvieran la mentalidad de una empresa, serían eficientes con los recursos, entones no los tirarían a lo bestia (perdón por lo de tirarían), recortarían gastos innecesarios, y buscarían innovar y ser competitivos. Es como un cuerpo, si se deja de cuidar, engorda y se pone lento. Se tiene que renovar, cortar esa grasa, esos lastres, que son (sindicatos, burócratas, políticos, etc.) muy pesados, hasta que no lo hagamos no nos podremos mover”, hablaba ya el papá con ánimo casi de catedrático.

“Entonces para acabar pronto papá, ¿México podría cubrir con lo que necesita sin que pagáramos más, sólo cuidando más el bolsillo, como lo hacen todas las personas en su casa”.

“Así es, hijo”, asentía el papá.

¿Y no lo hacen porque no es su lana, y porque ellos serían afectados en lo personal?”.Tristemente confirmaba el papá: “Es correcto”.

Molesto como un niño sin cumpleaños, Panchito reclamaba: “Papá, y no crees que eso es ser un verdadero hijo de…”. Ya Panchito había perdido cualquier compostura.

“¡Francisco, cuida ese lenguaje! Una cosa es decirlo y otra pensarlo… mejor piensa que lo son, como pensamos igual 125 millones de mexicanos”, muy a tiempo interrumpía el papá, no era esa la educación que le habían inculcado a su hijo. “Y para tu próxima pregunta la respuesta es no”, se adelantaba su papá.

“Ay papá, si quería otro perrito; méndigos políticos”, finalizaba Panchito, echando humo.

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