En sintonía

El suplicio de llegar a viejo

Sin pretender utilizar el término “viejo” en forma peyorativa hacia las personas de la tercera edad, haré referencia en esta columna al trato poco digno que se ofrece a quienes integran este grupo, en las diferentes dependencias de gobierno a las que tienen  que recurrir en ánimo de recibir una serie de beneficios a un costo en el que les va su salud y algo más.

Y es que desde hospitales, pasando por organismos creados con un respaldo presupuestario para fomentar servicios a su favor y hasta en la iniciativa privada, son las personas adultas objeto de continuo abuso, que premeditado o no, tiene una recurrencia inadmisible desde el punto de vista moral, quizá porque quienes ahí laboran carecen de este principio básico en la formación humana.

Sistemáticamente, sus logísticas de atención en apariencia las más avanzadas en tecnología, tienen fallas y son las personas mayores las que deben soportar las deficiencias que rayan en lo vulgar, en lo que uno no desea para sí mismo, menos a cierta edad.

Pareciera que quienes laboran en ese tipo de lugares son reclutados con ciertas características tales como ser poco sensibles al trato con la gente, desentendidas de sus obligaciones por las que además reciben un sueldo que pocas veces va en paralelo a la atención, eso no sucede y si en cambio los malos tratos se perciben de manera recurrente contra la fragilidad de los abuelos.

Cuando uno observa las filas que deben realizar quienes son dueños de la filosofía sabia que guían a sus generaciones, el tormento que deben soportar ante la indiferencia y la insensibilidad del gobierno y sus empleados, se llena de coraje probablemente no el mismo de quienes lo sufren en carne propia, pero causa indignación, y hasta un reclamo a distancia.

Gracias a los adultos mayores es que permanecen estos programas cuestionados por muchos por la actitud de otros, que tema aparte hacia afuera presumen estar al tanto de la problemática que por naturaleza pueden y deben resolverse, aunque entendamos que esto a veces está fuera de proporción, es mentira pues.

Probablemente algunos funcionarios y empleados que imitan su fría actitud, no pensarán llegar a “viejos”, y no digamos en la necesidad de ser apoyados económicamente o en otro sentido, simplemente llegar, tal vez muchos no lo logren.

Sus comentarios los recibo con gusto en mi dirección electrónica eduardo.arias@milenio.com y en Twitter @EduardoAriasTVHasta la próxima.