En sintonía

El precio de ser un ciudadano común

Nada más ingrato que desde una postura ciudadana, cumplidora de las reglas que impone la sociedad y principalmente el gobierno, debamos reclamar a nuestras autoridades una mejor y mayor seguridad, la mínima a delitos comunes, y nada mas inmoral que el reclamo sea ignorado, como si tuviéramos que seguir soportando desatinos y más golpes del hampa.

La realidad es que en la medida en que más se promete y se incrementa el número de elementos a cargo de la seguridad pareciera que esto no le importa mucho a quienes delinquen y da la impresión que se burlaran no solo de nosotros los ciudadanos sino también de los propios policías.

Los argumentos, por parte de quienes llevan la directriz en temas de seguridad, a la hora que les exigen cuentas se escuchan desgastados y como si encontraran las razones de sus distracciones en expresiones que se reconocen más bien como excusas a su incompetencia, a su compromiso endeble.

Y es que ahora ni los propios de la región ni los que nos visitan están a salvo en sitios que hipotéticamente deberían estar bien vigilados, pero más bien les pertenecen a los que de manera ociosa observan a sus víctimas, con la tranquilidad que les da el tiempo sin recorridos de policías que ni en patrullas ni a pie se hacen presentes para al menos tratar de inhibir la comisión de delitos o de casualidad detener a los delincuentes.

Tampoco se valdría solo atender la obviedad; hacer recorridos por el área comercial en los días de quincena es solo una parte del trabajo que eventualmente se realiza con efectividad.

Lo que los ciudadanos desean es que su patrimonio permanezca seguro siempre, no importa si es en su casa, en su trabajo o al caminar por la calle.

Y aunque en los bancos desde hace mucho únicamente existe una vigilancia privada, su presencia también es fundamental, más allá de los días en que ellos mismos acudan a los cajeros a retirar sus quincenas como cualquier empleado, como cualquiera de nosotros aunque en desventaja pues lo hacemos sin armas. Es el precio de ser un ciudadano común.

 Sus comentarios los recibo con gusto en mi dirección electrónica eduardo.arias@milenio.com y en Twitter @EduardoAriasTV

Hasta la próxima.