En sintonía

Sus alardes son de impotencia

No cabe duda que la Secretaría de Educación mantiene la rectoría en el tema relacionado a la operación de las escuelas de educación básica. Probablemente debido al elevado número de planteles en los que se debe ejercer control y una revisión precisa de sus actividades, encontramos casos peculiares que en definitiva, fuera de un esquema autorizado, no deberían tener lugar, pero los hay.

Son casos aislados, pero se presentan así, eventualmente, por el poder que ejercen ciertos directivos que hacen en una escuela pública, lo que quizá no harían en su casa, volviéndola en parte una porqueriza a costa de la integridad y la salud de los alumnos, a quienes se les encomienda su cuidado, como parte -así se justifican- de una actividad relativa al fortalecimiento de los valores, de supuestamente arraigar en los niños el amor a sus semejantes, un falso sentido de responsabilidad, carente de un sustento didáctico, pedagógico, no en este caso en particular.

Enterados los padres de familia, entorno a lo que pasaba en esa escuela primaria de Altamira, de inmediato levantaron la voz y se inconformaron por lo que estaba pasando con sus hijos a los que con todo el esfuerzo apoyan para que acudan a la escuela a estudiar, pero no a lidiar con chivos o alimentar cerdos, que ahora se sabe, al menos de éste último, se encuentra en “engorda” para ser sacrificado antes del festejo a las madres y volverlo “carnitas”. Así se dijo.

La disposición, no de la Secretaría de Educación, sino de la Comisión Estatal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, fue sustraer casi de inmediato a esos animales de la escuela, digo casi porque le ofrecieron un tiempo perentorio de cinco días para cumplirla, término que ya está vencido.

Me cuentan, y aclaro que nada me consta, que el director de esta escuela a partir de la intervención de las autoridades, luego de hacerse pública esta práctica que ni siquiera los papás sabían de ella, está en un plan de evadir todo ordenamiento, que incluso hace alardes de ser un funcionario con amplias y muy influyentes relaciones con autoridades de alto nivel, a las que incluso pediría eventualmente que se ejercieran acciones en contra de algunos medios, que han dado seguimiento a este caso.

Lo que queda claro es que nadie, por más director, puede actuar en forma ocurrente, esa no es la educación y su labor está siendo desvirtuada. Autoridades rectoras deberán ponerle un freno.

Sus comentarios los recibo con gusto en mi dirección electrónica eduardo.arias@milenio.com y en Twitter @EduardoAriasTVHasta la próxima.