En sintonía

Tiempos de insensibilidad social

No sé si sólo es percepción personal o alguien más, como yo, sienta que hay una ligera decadencia en el tema del compromiso que como sociedad deberíamos tener todos, incluidos aquellos que forman parte del gobierno. Cuando muchos en su discurso hablan de la restitución del tejido social como una alternativa para prevenir que la delincuencia crezca, la realidad es que se quedan en sólo eso, en una franca demagogia que sólo promete uno va más allá de inútil verborrea que poco y nada resuelve.Vemos como a quienes viven la etapa más plena de la vida, nuestros viejecitos, por más apoyo que presuman funcionarios, no se les brindan las garantías mínimas indispensables para acudir a realizar trámites en una dependencia ubicada en una de las zonas más peligrosas para el desplazamiento de personas de cualquier edad, más aún los abuelitos.El pretexto de no tener permitido que agentes viales acudan al punto para facilitar el cruce, nos hace escuchar declaraciones ingratas, que revelan esa insensibilidad a que hago referencia líneas arriba, y que provienen de servidores públicos a los que se les paga de nuestros impuestos, no sé si en verdad lo sepan.

Otro asunto que me hace pensar que los valores del ser humano están pasando por una crisis, al menos en nuestra región, es el que involucra a un pequeñito que nació con hidrocefalia, Isaac, y que requiere ser intervenido para crecer con una calidad de vida medianamente buena.Lo que fue interpretado como una burla, ya internado el enfermo, los médicos a cargo de su intervención quirúrgica en el hospital general suspendieron la misma porque el cirujano salió de vacaciones, como si el placer estuviera moralmente por encima de cumplir con su labor, la que juraron.El juramento hipocrático que hacen quienes se convierten en médicos reza.

“Me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad. Desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad. La salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones. Respetaré el secreto de quien haya confiado en mí. Mantendré, en todas las medidas de mi medio, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica. No permitiré que entre mi deber y mi enfermo vengan a interponerse consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, partido o clase. Tendré absoluto respeto por la vida humana. Hago estas promesas solemnemente, libremente, por mi honor”.Si al iniciar su carrera lo prometieron, ojalá que lo recuerden y no sean sólo mercenarios de la salud.Sus comentarios los recibo con gusto en mi dirección electrónica eduardo.arias@milenio.com y en Twitter @EduardoAriasTVHasta la próxima.