En sintonía

Sociedades de padres sinvergüenzas

Ante la modificación de la ley, que contempla sanciones ante la exigencia de cuotas escolares a cambio de admitir a niños y jóvenes en escuelas del estado, he escuchado una serie de expresiones que traducidas en quejas, ahora de autoridades escolares, entiendo que los agravios cambiaron  de lado y es que ahora los recursos que antes “voluntariamente” llegaban a las sociedades de padres, ya no llegarán más en la misma proporción.

La afectación está basada en que este dinero ha servido históricamente, al menos así nos lo han hecho creer, para solventar muchos de los gastos que genera cada escuela y que no son aportados por los gobiernos de ningún nivel.

No se trataría de hacer general esta opinión, pero a decir de muchos padres de familia, es la desconfianza por el manejo inadecuado de los recursos económicos y la intromisión de los directores en casi todos los casos, factores que han acentuado la negativa de aportar dichas cuotas. Ni hablar de aquellos papás cuyos ingresos no les alcanzan para cumplir con ello.

Ahora bien, que se haya eliminado la obligatoriedad en la aportación de estas cuotas, no significa que quienes estén en posibilidades de pagarlas se adhieran al beneficio que proporciona la ley y sistemáticamente le den la espalda a las necesidades que hay en las escuelas de sus hijos, de su segunda casa.

Me parece, y esa es mi percepción, que deberían aprovechar esta coyuntura para, que con el esfuerzo de la mayoría de los padres de familia, procedan a la moralización de estas sociedades para volver a creer en ellas y en sus objetivos.

Entiendo que esta labor no debe ser sencilla pero se trata de quitar a todos aquellos que por años han permanecido ocupando cargos porque así les conviene. Las sociedades de padres de familia -no todas- son manejadas a discreción y pocas veces las cuentas cuadran.

Hasta a los propios directores, que bajo su protección y complicidad operaron muchos padres sinvergüenzas, les conviene asumir esta renovación, so pena de ver literalmente caer a pedazos sus escuelas.

Sus comentarios los recibo con gusto en mi dirección electrónica eduardo.arias@milenio.com y en Twitter @EduardoAriasTV

Hasta la próxima.