En sintonía

Sindicalismo que ahuyenta inversión

Los conflictos sindicales que se han venido acrecentando por la disputa de plazas laborales en obras de la zona sur y al interior de plantas ubicadas en el corredor industrial de Altamira, dejan en claro que la escasez de diálogo propicia esos desencuentros y que la autoridad, la que sea, ha sido claramente rebasada.

El derecho a trabajar, nos queda claro, está consagrado y se fundamenta en la ley; cualquier persona sin importar credo, raza o condición social debe hallar oportunidades en actividades que le generen la posibilidad de obtener ingresos económicos.

Eso es el fondo y está bien, la forma es la que, implementada desde las organizaciones, ha dejado mucho que desear por los métodos de reclamo que a veces se vuelve un tanto irracional.

En otras oportunidades hemos expresado en este mismo espacio, que la generación de empleo no es obra y menos aún mérito de los sindicatos, sí por supuesto factor de gestión ante las empresas para atraer actividad a sus agremiados, pero no son los dueños de los capitales que se ponen en riesgo cuando se crean y mantienen las compañías.

Partiendo de ese principio, entendemos que quienes dirigen empresa tienen acuerdos previos con las organizaciones laborales, que además realizan negociaciones con mucha anticipación para evitar que sea inequitativa la repartición de espacios, de ahí que no se comprenda el choque y disputa posterior.

Ellos, y hablo de los sindicatos, saben hasta donde lograron un beneficio, lo demás es arrebato.

El problema ya no queda en sólo una disputa, va más allá y en contexto queda aquella imagen de desilusión por parte de quienes hacen negocios y que no están dispuestos a mantenerse a expensas de caprichos sindicales.

Los que ya vinieron tienen la intención de irse y quienes pensaban llegar se lo están pensando dos veces.

Entendemos que quienes desde el gobierno hacen una labor de negociación para evitar que estos conflictos crezcan y en verdad ocasionen un problema mayor en agravio de la generación de empleos.

En los ochentas, muchos recordarán, se dieron una serie de enfrentamientos entre organizaciones laborales que riñeron -literal- por adjudicarse obras de la construcción.

Eran otros tiempos y los liderazgos eran casi en calidad de cacicazgos, que con violencia dejaron marcada con sangre una época, que esperamos, no este de vuelta.

Sus comentarios los recibo con gusto en mi dirección electrónica eduardo.arias@milenio.com y en Twitter @EduardoAriasTVHasta la próxima.