En sintonía

¿Mal necesario, a cualquier precio?

Como muchos de mis apreciables lectores, tuve la fortuna de nacer en esta región de Tamaulipas y desde mi niñez conocí lo bueno y malo a nuestro alrededor. Eran dos las ciudades con mayor preponderancia desde el punto de vista económico, a Tampico y Ciudad Madero los beneficiaba la actividad turística, apenas en ciernes, por sus características naturales que años más adelante habrían de explotarse como en la actualidad se hace.A este detonante compartido, actividades relacionadas con el movimiento portuario en Tampico, colocó el nombre de la ciudad de las jaibas y nutrias, en el extranjero y añadida la eficiencia aportada por los alijadores, llegó a ser incluso el primer puerto de México.

En Ciudad Madero la actividad petrolera era ya para entonces fuerte impulsora del progreso de los maderenses. Era una labor ciertamente riesgosa pero muchos deseaban participar en esa dinámica, con empleos especializados y bien remunerados.El crecimiento natural de la refinería se dió a la par de la economía nacional y entonces vinieron nuevas plantas procesadoras, que en tanto lograban ser dominadas en su operación trajeron riesgos y pérdidas de vidas humanas.Eran los setentas cuando era común que se produjeran incidentes graves en la planta catalítica del centro refinador, con muertos en la mayoría de ellos. En ese entonces ni siquiera era sujeto de cuestionamiento que sus instalaciones fueran viejas o sin ser sometidas al mantenimiento requerido. Eran relativamente nuevas.

Cuando niño, también era un argumento fácilmente escuchado, que la industria petrolera con semejante aportación a la economía del país, debía ser tolerada por todos los daños que provoca al medio ambiente en el asunto de la contaminación. Eso fue algo que no entendí y sigo sin comprender.Hoy por hoy, la historia no puede ser muy distinta, es peor sugieren muchos, debido a que los accidentes fatales no tienen un límite. Petróleos Mexicanos ha mantenido una línea de opacidad relativa a los mantenimientos que deberían realizar a sus instalaciones en detrimento de sus propios trabajadores, que hoy algunos con valor, revelan que ni periódicas ni eficientes.Me parece que los tiempos en que consideraban a Pemex como un mal necesario no pueden ser más, no a costa de los hogares que siguen enlutando.Sus comentarios los recibo con gusto en mi dirección electrónica eduardo.arias@milenio.com y en Twitter @EduardoAriasTVHasta la próxima.