En sintonía

¿Maestros?, sólo algunos

Ahora que ha estado en boga el tema de la reforma educativa y la preocupación implícita de quienes perteneciendo al magisterio han visto, según el dicho de muchos, amenazada su fuente de trabajo, a algunos otros nos ha ofrecido este tiempo para reflexionar en la necesidad de mejorar este fundamental renglón para mejorar la educación deteriorada al paso de los tiempos.

Y es que ha sido evidente que la facilidad para convertirse en maestro, aún sin una vocación innata, por medio de la relación familiar -aunque no en todos los casos- ha provocado vacíos en la noble profesión, al menos hasta lo deseable y la formación de estudiantes con una calidad limitada, ha sido sólo uno de los resultados negativos de mantener esa tendencia que en un futuro cercano será cortada de tajo.

Con la reforma en avanzada, dicta la hipótesis, que vendrán aires nuevos al interior del magisterio y que conforme pasen los meses, los años, quedará sólo lo mejor al servicio de la educación que siempre hemos deseado.

Sé que mis amigos maestros -porque muchos lo son- no estarán de acuerdo con lo que pienso y transmito, pero ellos más y mejor que yo saben perfectamente que mucho de lo que pasa en un aula no es absolutamente pedagógico y menos redunda en beneficio de un aprovechamiento indispensable en la formación, no sólo de buenos alumnos, sino de seres humanos con valores sólidos, como se requiere para fortalecer nuestra sociedad tan desgastada.

Debo presumir que mis profesores, los que tuve desde mi formación básica hasta la profesional, fueron en su mayoría firmes en sus métodos de enseñanza, llenos de conocimiento y sabiduría para entender lo que sus alumnos necesitaron en cada momento, a cada paso, eran un poco nuestros padres, hoy ya no como antes.

Hoy muchos de quienes presumen ejercer docencia de calidad, evaden no sólo métodos éticos que desconocen, además implementan acciones que más allá de lo moral perjudican a quienes no acuden por eso a la escuela. Tan sencillo que muchos hacen como que trabajan, como que enseñan y eso es perceptible hasta por los niños y jóvenes que buscan en ellos un modelo, un ejemplo a seguir que no hay.

La reforma va en parte por todo lo que no sirve y para que sea aprovechada por aquellos que sienten amor por la vocación y por la niñez de nuestro país.

Más allá de un trabajo digno, la profesión de ser maestro está encaminada para ser ejercida por los mejores. Que se ganen un espacio, si su vocación se los permite.

Sus comentarios los recibo con gusto en mi dirección electrónica eduardo.arias@milenio.com y en Twitter @EduardoAriasTV

Hasta la próxima.