En sintonía

Dependencia a la tecnología

Este fin de semana, al margen de la noticia que movió a las estructuras de todo tipo en nuestro país con la captura de uno de los capos más buscados en los últimos años, el hecho que más fue resentido por los usuarios de los teléfonos inteligentes sin duda fue la caída de WhatsApp, que ya días antes había reportado fallas en sus instrumentos de soporte.

Evidentemente lo que refleja este tipo de hechos, es que nos hemos convertido en una sociedad que cada vez más está sujeta, no tanto a un teléfono, sino a las aplicaciones adicionales que el evolucionado invento ofrece para mantenernos comunicados desde cualquier punto de vista.

Es el teléfono celular, un elemento indispensable para casi todos, puesto que logra acercarnos a distintos objetivos, diferentes utilidades, dependiendo de cada persona y su rol diario.

En origen esta tecnología fue diseñada para el uso empresarial, de hecho su costo elevado cuando fue dispuesta sólo permitió que algunos pudieran acceder a los servicios que entonces era ofrecido por un par de compañías que existían en el mercado, ahora hay muchas más.

Pocas son las personas que solamente usan un teléfono simple y convencional, ellas sólo requieren mantenerse comunicadas en dos vías y no les resulta útil ni práctico el uso de aplicaciones alternas como las muy empleadas redes sociales.

Ellas pertenecen a una generación que por ese factor no llegarán a emplearlas y en ese paralelo, se dice, dejarán de producirse teléfonos económicos, simples.

Los aparatos inteligentes forman parte del día a día de muchos y la dependencia de sus servicios como la mensajería gratuita nos esclaviza indudablemente al grado tal que su eventual caída -como sucedió y sólo por algunas horas- nos situó en esa realidad, en mantenernos ligados sin restricción a la tecnología.

El tema es hasta donde se obtiene un verdadero provecho en el uso de estas alternativas de comunicación que crecen y están a nuestra disposición muchas veces sin los factores de seguridad deseables.

Hoy los mensajes de texto simples sólo son usados por las compañías proveedoras de servicios de telefonía, poseedoras de nuestra información no tan confidencial.

Las otras implican un riesgo que solamente quienes las dominan a pleno pueden interponer restricciones que permiten alejarse de la delincuencia ávida de estas áreas de oportunidad.

Habrá que capacitarse para no vernos agraviados, porque el avance seguirá.

Sus comentarios los recibo con gusto en mi dirección electrónica eduardo.arias@milenio.com y en Twitter @EduardoAriasTVHasta la próxima.