En sintonía

Ciudadanos vigilantes del gobierno

Cuando uno a diario es testigo de las acciones de gobierno, algunas con buena voluntad y bien intencionadas, también hay otras que son lastimosamente agraviantes las que atropellan los derechos de la ciudadanía, es entonces que ve una justificación a la manera en que la sociedad logra organizarse cada vez más para enfrentar a todo un aparato que sí se lo propone aplasta a su antojo.

Quizá en estas latitudes no ha sido tan importante la manera en que los ciudadanos logren integrarse para, más allá de intereses políticos, cuestionar a la autoridad el porqué de sus acciones e incluso utilizar los instrumentos legales para obtener respuestas que evidentemente nunca es del agrado del gobierno responder.

Cuando se elige a quienes deben asumir la responsabilidad de representar a una comunidad está implícito el hecho que no hay una mayoría absoluta en favor de ciertas figuras y no por ello se trataría de ir sistemáticamente en su contra, aunque los que se convierten en gobierno tampoco deben sentirse que son dueños absolutos de la voluntad de una sociedad que también tiene el derecho genuino de opinar.

Hoy vemos como los que en hipótesis deberían estar representando a los gobernados (entiéndase los regidores) forman parte de una columna alterna  de gobierno que poco o nada aporta a favor de lo que en realidad requiere una comunidad. Peor aún, en ciertos casos su anuencia forma parte de una complicidad insana que obra en clara traición a los intereses de un pueblo.

Me parece que la sociedad de hoy no es más la de antes, con posturas apáticas y desinteresadas. La lección que han dado quienes se juntan para pelear por un beneficio común, insisto lejos de obtener raja política, deben ser base para que la sociedad fije posturas más enteras y que el gobernante lo sepa es también un buen indicio.Hoy ya no podemos tolerar que una plaza haya sido desaparecida para favorecer a un particular que pretendió hacer negocio con ella y hoy la tiene convertida en una plancha sin gracia ni naturaleza.

Tampoco que un basurero siga contaminando porque alguien decidió no mantener un convenio con quienes operan el relleno sanitario. Menos se puede permitir que una zona considerada como peatonal poco a poco deje de serlo para favorecer al comercio, ni que una alberca y su zona verde sea desaparecida de un plumazo.El derecho a cuestionar y la obligación a responder por sus obras tendrá efecto y resultados en la medida en que sociedad y gobierno asuman la parte que les corresponde.Sus comentarios los recibo con gusto en mi dirección electrónica eduardo.arias@milenio.com y en Twitter @EduardoAriasTVHasta la próxima.