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Objetivo: Desmantelar la empresa del mal

Al día de hoy, aun no existe una definición sobre el concepto de narcopolítica: se puede explicar que es la incorporación de todas las actividades ilícitas a la política y a lo político, de cómo las redes de la empresa del mal se incorporan dentro de la clase política y peor aún de como el crimen podría apropiarse de las esferas en donde se toman las decisiones.

A raíz de todo lo acontecido a nivel nacional y de la indignación provocada por el crimen organizado, todos los partidos políticos están de acuerdo en combatir ese mal. Pero ¿cómo hacerlo? ¿Cómo lograr hacer que el partido político identifique, un posible miembro de la empresa del mal? ¿Bajo qué mecanismos? ¿Cuáles serán los instrumentos?

Soy miembro desde los 20 años del Partido Revolucionario Institucional, he sido consejero político municipal, estatal y nacional; he tenido el honor de ser coordinador de mi bancada, pero sobre todo he logrado tener el gran privilegio de saludar, platicar, conocer y hasta convivir con muchos militantes que, como yo, nos incorporamos al partido con el objetivo de lograr hacer posible lo deseable.

En todos los partidos políticos de nuestro sistema electoral existen espacios, sectores, organizaciones y fundaciones; de igual forma hay un conjunto de reglas escritas y reglas no escritas; al mismo tiempo existe la meritocracia y la circunstancia. Escalar dentro de una estructura partidista puede llevar tiempo y méritos, o de igual forma se puede ascender por la fortuna y la circunstancia. Aquí hago un paréntesis para especificar que me refiero a la diosa “fortuna”.

Lo que quiero decir es que el partido político es principalmente una organización de convivencia y objetivos. En mi caso recuerdo a todas las personas y amigos que he construido a lo largo de mi carrera política, y las tantas fotografías que nos hemos tomado; tan solo para recordar un episodio agradable de la vida o para dejar en claro nuestro trabajo y objetivo político partidista que nos reunió.

Todos los que se han incorporado a la vida activa de un partido me darán la razón que no solo el partido te reúne para hacer política, sino que también en el andar, se construyen buenas amistades. Entonces pues ¿Cómo saber quien está inmerso en una actividad fuera del orden jurídico? ¿En qué momento podemos darnos cuenta? ¿Cuándo el hombre o mujer con el que acordamos, discutimos y compartimos la misma ideología política, es un miembro de la empresa del mal?

Por más que trato de pensar, los partidos políticos no cuentan con instrumentos para identificar a un miembro del crimen organizado. El único ente capaz de identificarlos es El Estado

El estado es el único que cuenta con instrumentos como: información hacendaría, inteligencia, sistemas de procuración de justicia etc.

Dicho de otra forma, el partido político, al carecer de ciertos instrumentos, se vuelve incapaz de identificar a profundidad a militantes incursionamos en el crimen. Los partidos a lo único que pueden recurrir es a la información buena o mala, concreta o tergiversada por parte de sus militantes.

El partido debe ser muy cuidadoso al afirmar que hará un examen minucioso a todos sus militantes, pues más que llevarlo a cabo, suena a discurso demagógico dirigido a decir lo que la gente quiere oír.

Si realmente se quiere fragmentar a los posibles militantes que formen parte de una estructura del crimen, todos los partidos políticos deben trabajar coordinados con el estado y con instituciones fuertes, legales y transparentes para poder ir descubriendo, quién es quién al interior del instituto político. Sólo así se podrá ir evitando sorpresas tan desagradables como el ex alcalde de Iguala.

Pero ese no es el único punto, que pasa con el “financiamiento”; es decir, tenemos un candidato sin nexos con la empresa del mal pero que llega a él, por un dinero de esa industria a solventar su campaña. La penetración de las redes del crimen estaría entrando al partido, el mal seguiría presente.

La ley que busca combatir el lavado de dinero sin duda es un gran avance para hacer frente al crimen y sus fuentes de financiamiento; sin embargo, debemos crear más aduanas para evitar su incorporación a la política y a lo político.

Mi análisis me lleva a adoptar el modelo americano en cuanto a financiamiento en las campañas políticas. Transparentar quienes forman parte del comité de financiamiento y sobre todo tener acceso a las personas que aportan económicamente al candidato o proyecto político en turno.

No solo plasmar el nombre de los simpatizantes, sino establecer la cantidad.

Quizá esta propuesta no sea del agrado de muchos, pero es una forma de ir disminuyendo la presencia del crimen organizado en la esfera de algo tan hermoso que ha construido lo que este mundo bueno o malo es y eso es la política.