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Del Imperio Persa al Imperio Azteca ¡Sí se puede!

Empezó el 2015, sin duda existen grandes expectativas en torno a él. Tod@s deseamos mejorar nuestra economía, adquirir un auto, un terreno, una casa, muebles o quizás ahorrar para unas fantásticas vacaciones, la realidad es, que todos siempre esperamos lo positivo y lo mejor de la vida. En este anhelo el papel del gobierno es fundamental para el desarrollo de todos nuestros deseos.

Desde luego, y así tenemos que verlo; un buen gobierno nos conviene a todos. ¿Saben ustedes, quien desea un mal gobierno? Los actores políticos de oposición, que se encuentran en el ejercicio del poder público. Es decir la oposición que se encuentra en una situación cómoda, con un buen sueldo y prestaciones por demás normales, solo a ellos les conviene que a la economía y al gobierno les vaya mal.

Debemos aprender todos a desear y contribuir a la construcción de un buen gobierno; desearle al presidente y a su gabinete que le vaya bien, debe ser un deseo diario de todos los mexicanos.

Revisando la historia, se me viene a la mente el Imperio Persa, a pesar de su tendencia hacia la diversidad cultural y la autodeterminación, para el Imperio Persa lo esencial fue hacer dinero y construir un imperio. Los Persas desarrollaron técnicas avanzadas, con el fin de administrar grandes regiones y culturas diversas. El pueblo Persa entendió la necesidad de construir y fortalecer un imperio que sobrepasara lo inimaginable; cada Persa día a día deseaba y trabajaba por la grandeza del imperio. Ahora bien, sin lugar a dudas el miedo, la intimidación y la explotación intervinieron en la construcción y mantenimiento del Imperio, pero en términos generales, siguieron una política de interferir lo menos posible en la vida cotidiana de sus súbditos siempre y cuando estos pagaran correctamente sus impuestos. Los Persas se enfocaron en mejorar la organización de su sociedad.

Once reyes fueron los que se sentaron en el trono Persa desde el surgimiento de Ciro el Grande en el año 550 a. de C. Pero fue Dario I al que se le apodo el “Trabajador” al que menos le preocupo conquistar y por lo tanto se concentro en mejorar la administración del Imperio. Supo equilibrar con destreza la necesidad de auto-regulación local con la del control central.

Sabiamente Dario I estimo con precisión el potencial fiscal de cada provincia, y en consecuencia, estableció tarifas de recaudo. Los ingenieros Persas construyeron grandes edificaciones, caminos y sistemas de irrigación para aumentar la productividad, a los dueños de grandes extensiones de tierra se les compartieron nuevas técnicas de cultivo. Ahora bien, seguramente se preguntan el por qué de mi ejemplo sobre el Imperio Persa y Dario; primero recuerden que aquel que no conoce de historia, jamás podrá transformar su realidad.

Los Persas entendieron la necesidad de trabajar unidos con el único objetivo de lograr la grandeza del Imperio. Como todos los reyes Dario tuvo muchos enemigos y adversarios, sin embargo su pueblo confío en él y en sus políticas; entiendo la parte de autoritarismo de aquel entonces; lo que pretendo demostrar es que un imperio no nace, se hace, y este se construye día a día, con el apoyo de su pueblo.

Para lograr un México próspero, necesitamos primero creernos a nosotros mismos prósperos. Confiemos en nuestro presidente Enrique Peña, apoyemos a nuestro gobierno, caminemos con nuestros representantes, sean del partido que sean. Total en términos de competencia electoral ya vendrán los tiempos de competir por el poder y literal darse con todo. Pero mientras caminemos todos juntos por lograr un vasto y grandiosos Imperio.

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