Intimidades Colectivas

Las víctimas silenciadas

La percepción, es decir, la interpretación que se hace de lo oído, visto, leído y “sabido”, condiciona lo que “conocemos” y, por tanto, las opiniones y conductas que externamos. En una sociedad con saturación de información se genera la  impresión de un conocimiento amplio acerca de lo que sucede. Sin embargo, la selección de información y  conformación de agendas mediáticas no necesariamente se corresponde a lo que sucede sino a lo que se decide publicar como “lo que sucede”. La percepción es un sesgo altamente condicionado por  las agendas de información a las que nos exponemos.Ser parte de la agenda informativa no es sencillo y no es automático. Como en otras dimensiones de la vida, en la información también hay quien tiene voz para ser oído y, desde luego, persisten amplios sectores de la población cuya voz es inaudible. En los últimos años en nuestro país se ha generado tal cantidad de información acerca de la “inseguridad” que pareciera que estamos muy informados al respecto. Pero la aparición de canales no tradicionales de información que han aprovechado las ventajas de las nuevas tecnologías nos confirma que la agenda informativa tradicional es incapaz de cubrir todos los aspectos de  lo que puede ser noticia. Y no se trata solo porque la selección consustancial al ejercicio informativo así lo provoque, sino por lo grande de lo real ante los recursos para cubrirlo.Lo que tenemos oportunidad de saber es poco en relación a lo que ocurre aunque en muchos casos eso poco nos permita acercarnos a lo sustancial de lo que pasa. Una de las voces que poco se escuchan por su invisibilidad concreta (y, si se hace, es como ejercicios de generalización en reportajes que posicionan más a quien lo escribe que a los afectados), es la de víctimas del entramado infernal que significa estar a merced de las bandas criminales sin protección alguna.La generalización que ahorra en investigación funciona más como agravante que como aliciente para la atención de daños a personas, pequeños gremios o comunidades con escasa posibilidad de hacer oír su dolor. Así pues, cuando se dice que en Tamaulipas, Morelos, Michoacán, en su momento Coahuila y Durango, mejora la seguridad sólo se está diciendo que indicadores generalizadores mejoran sus promedios pero no necesariamente que en el día a día se ha erradicado, por ejemplo, la extorsión en sus múltiples formas. Así, el incentivo para algunos es provocar generalizaciones mediáticas ante la incapacidad de atender el clamor de víctimas cotidianas. La realidad se ensaña doblemente con la víctima en un círculo perverso. 


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