Intimidades Colectivas

De la revolución al timbre postal: la  “Toma de Torreón”

I. Escribió Carlos Fuentes que el pueblo “tiene el derecho de soñar en su pasado”, puesto que no se ha dicho la última palabra. Pero cuando los gobiernos determinan en qué debe consistir ese sueño, surge aquello denominado por otros pensadores como la “historia de bronce”, esa interpretación generalmente maniquea, pétrea y rebosante en héroes pero carente de personas; generalmente impulsada por falaces pretensiones de identidad en torno a un discurso artificial de legitimación política. Algo así ocurrió la semana pasada con la conmemoración oficial de la “Toma de Torreón”.
Cito nuevamente a Fuentes: “Es una cuestión de la más alta importancia política e histórica: ¿qué es lo que recordamos, qué es lo que olvidamos, de qué somos responsables, a quién tenemos que rendir cuentas?” Quizá demasiadas preguntas para quien por mayor respuesta acerca del pasado solo alcanza a organizar un desfile y por toda pregunta una efeméride más.
(1: Bisnieta de uno de los primeros dirigentes revolucionarios en La Laguna. Integrante sanguínea de la familia revolucionaria; estudiante sobresaliente, universitaria talentosa y becada. Torreón- La Laguna- y su tobogán laboral. Los talentos deben buscar nuevos horizontes. No hay, cien años después de que su bisabuelo decidió arriesgar su vida, oportunidades de desarrollo para los de su edad. Ahora vive en Guadalajara: no vio el desfile, pero tiene un trabajo prometedor).
II. Entre imaginar el pasado y “recordar el futuro”, continúa Fuentes, hay una confluencia: el presente. Al no hacer crítica de la historia se hace apología de una épica conclusa que, como sucedió hace años según la oficial imaginación, debe ser catalogada como historia. Pero ese discurso sin hermenéutica solo se convertirá en timbre postal. Pintura de un discurso oficial pero no mural de la historia.
Por eso el presente es incitador permanente. Quien se refugia en la imaginación del pasado- al modo de bronce y no como tinaja creativa- rehúye al presente y ha sido derrotado por el futuro: administra la carencia discursiva.
(2: De Torreón “llegaron a Juárez cinco trenes con novecientos españoles y familias”, comunican al secretario de Guerra y Marina. Una semana antes, el 2 de abril, Villa había tomado Torreón y expulsado a la colonia española; vivían los años más violentos en la joven historia de la región. 100 años después más de novecientos laguneros llegaron a Guadalajara, Querétaro y DF expulsado por una violencia no vista en cien años).
III. Hay que narrar la historia del presente. El reto son cien años nuevos sin un desenlace violento.


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