Intimidades Colectivas

El prójimo en tiempos de desigualdad

El viernes pasado estaba su equipo de futbol favorito en la ciudad. Naturalmente quería ir al estadio y ver en vivo a sus ídolos, todos ellos con sueldos que los sitúan en el decil con mayores ingresos en este país. Qué bueno por ellos. Ella, sin embargo, tenía una disyuntiva: comprar un boleto para entrar al estadio o seguir ahorrando hasta juntar el dinero que necesita para asistir al congreso de ingeniería al que también desea ir y en el que junto con su equipo  presentará el robot que están haciendo. El boleto es caro o no dependiendo del decil donde se vea.  A ella, por lo pronto, distraer de su ahorro 130 pesos podía dejarla sin la oportunidad de ir a presentar su robot. ¡Qué ganas de ir a ver su equipo de futbol en el estadio que está a solo cinco minutos de su casa! Pero optó por su equipo de ingeniería: mantuvo intactos los 130 pesos.Tengo la impresión que la libertad económica de una persona puede medirse por la cantidad de disyuntivas de este tipo que tiene que resolver. Al final la vida seguramente se convertirá en una experiencia de opciones tomadas y consecuentes frustraciones a las que será preciso colgar narrativas que las diluyan o hasta las justifiquen.¿Cuál es el deber ante el prójimo en tiempos de desigualdad? Ser buenos. Pues sí pero parece que no basta. En la historia que cuento ser bueno pudo haber sido pagarle el boleto a esta estudiante… y ¡listo! Pero déjenme agregar algo más: mi esposa y yo llegamos con mucho tiempo de antelación al estadio y mientras íbamos de camino al acceso en 4 ocasiones se acercaron jóvenes a pedir dinero para completar su boleto… ¿ser buenos y pagar también estos 4 boletos? De acuerdo, tal vez esos boletos no tienen los precios del Super Bowl, pero son precios mucho más caros por una razón: son los precios de la desigualdad.La pregunta se mantiene respecto al deber ante esta situación. La respuesta por sencilla que pudiera parecer luce compleja en la realidad y, sin embargo, algo no debe seguir igual. Para tranquilidad de todos habría que decir que su hermana, con los ahorros que ha ido haciendo, le regaló el boleto a la joven universitaria (se lo dijo dos horas antes del juego). Al final perdió su equipo. Ganó la fraternidad. 


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