Intimidades Colectivas

A favor de lo anormal

Una de las tendencias sociales y mediáticas contemporáneas es la normalización de lo absurdo.

De que lo impensable sea colocado como algo con lo que se puede convivir sin problema alguno.

Hoy es normal señalar fraudes multimillonarios por parte de funcionarios públicos (desde alcaldes hasta el ejecutivo federal) sin que se apliquen sanciones ni se reponga el daño a la ciudadanía. Lo anormal sería ver funcionarios corruptos tras las rejas.

Hoy es normal que miles de personas sean asesinadas anualmente en México (2016 cerró como el año de mayor número de homicidios de los últimos cinco). Lo anormal sería que dejáramos de matarnos.

Hoy es normal que existan miles de personas que a cambio de quinientos pesos mensuales y una despensa promuevan el voto a favor de quienes, pervirtiendo el sentido del poder público, mantienen en la ignorancia y pobreza a esos miles de personas. Lo anormal sería que ese monto y esas despensas no compraran el voto de esa gente.

Hoy es normal que de cada cien delitos cometidos más de noventa queden impunes, las víctimas carguen con la afectación y el castigo, mientras los delincuentes permanezcan libres para seguir dañando.

Lo anormal sería que el noventa por ciento, al menos, de los delincuentes fueran castigados.

Hoy es normal que en las entidades federativas de más alto rezago educativo sean las que tengan mayores problemas para implementar acciones que reviertan esa situación, y la brecha de calidad educativa continúa creciendo. Lo normal es que haya escuelas, privadas principalmente, de calidad. Lo anormal sería que cada escuela, pública y privada, fuera una escuela de calidad.

Hoy es normal que desde los gobiernos se pretendan imponer verdades, acuerdos, justificaciones de sus decisiones sin más y que la ciudadanía acate, asienta que no hay de otra. Lo anormal sería diferir y decir que no.

Hoy es normal que partidos postulen como candidatos a alcaldías y gubernaturas a gente con un largo y notorio pasado de corrupción y vínculos con delincuentes. Lo anormal es que la honestidad caracterice a la política.


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