Intimidades Colectivas

El dinero del diablo

He disfrutado Zapata y Morelos de Pedro Ángel Palou. Quizá más la novela del cura michoacano, aquel teólogo de la liberación del siglo XIX, seguramente predispuesto por los resortes afectivos que me mueve el país de la Monarca. Aunque la figura del revolucionario del XX es, desde luego, una de las más atractivas en la historia mexicana. En ambas novelas destaca la capacidad del escritor y la disciplina del académico para ordenar archivos y ponerlos al alcance de modo disfrutable a través de la narrativa.

Esta semana leí “El dinero del diablo”. Novela difícil de soltar por la emocionante combinación en su trama de instituciones arcaicas, personajes controvertidos e historia política. Imaginemos lo que puede resultar cuando se hace una buena mezcla en la que aparecen papas, jesuitas, banco del Vaticano, espías alemanes, judíos y franceses y en la que el hilo narrativo sea una serie de asesinatos en el corazón del catolicismo, la Santa Sede.

Como otros libros que se han acercado al comportamiento de la curia vaticana en los papados de Pío XI y Pío XII, este despertó el recelo de quienes, aún a través de la novela, pudieron sentirse desnudos. Claro que en la época del papa Francisco esta novela parece cercana a los señalamientos que el argentino ha hecho respecto a la escandalosa opulencia que por años caracterizó a la curia petrina. Leer la novela en la época de Juan Pablo II y en la de Benedicto XVI mantenía, plenamente, una agudeza contracorriente.

El protagonismo de los jesuitas en la novela es tal que pareciera una de la orden ignaciana, pero no es así. Los fundados por Ignacio de Loyola aparecen aquí con la mayoría, si no es que con todos, los atributos positivos y negativos con que vulgarmente se les ha caracterizado: la avanzada intelectual de la Iglesia, el poder detrás del trono, conspiradores, audaces, traidores, habilitados para no llorarle a nadie aunque se quiera a muchos…imprescindibles en los últimos cinco siglos para la Iglesia Católica, pues la supresión se encargó de mostrar su conveniente presencia.

En algún momento Palou pone en boca del General de la Compañía de Jesús palabras que a más de alguno resultará muy familiar: “dejará de pertenecer a la Orden, pero le tengo una noticia desagradable: nunca podrá dejar de ser jesuita, ¿me entiende?”

Pero decía que no es una novela de jesuitas, sino una donde los principales personajes han sido capaces de ser “alguien sin corazón, sólo con alianzas”. Cualidad poseída por muy pocos hombres poderosos en el Vaticano, no jesuitas, y centro de esta novela.

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