Intimidades Colectivas

¿En qué creen los que no creen?

Dos intelectuales de quienes más he disfrutado sus textos fueron Umberto Eco y el cardenal de Milán Carlo Maria Martini (quien para muchos pudo haber sido el primer papa jesuita).

De Eco y Martini se publicó un pequeño libro que llevó por título “¿En qué creen los no creen?”, un compendio del intercambio epistolar que sostuvieron a propósito de la fe de los que no creen en alguna o algunas divinidades.

Leer el diálogo entre Eco y Martini es, para quien no sabe de ellos o no ha tenido la oportunidad de disfrutarlos, algo semejante a disfrutar un juego entre el Barcelona y Real Madrid si ponemos un ejemplo del dios redondo de Villoro.

Poco antes de morir y aquejado por Parkinson, Martini declaró: “La Iglesia debe reconocer los errores propios y debe seguir un cambio radical, empezando por el Papa y los obispos”. Cuatro años después otro jesuita, también obispo, pero de Roma, ha buscado hacer realidad aquel consejo profético de Martini.Eco y Martini conducen el diálogo a una pregunta radical.

El religioso se pregunta acerca de dónde encuentran los no creyentes el fundamento del bien y Eco lleva a la mesa una respuesta de gran calado: cuando los demás entran en escena deviene la ética.Más que la pregunta por en qué se cree, el filósofo y el teólogo plantean algo más palpable: cómo se vive.Así pues, lo más relevante sería valorar cómo viven los que no creen y los que creen.

A veces la esgrima intelectual acerca de estos temas puede no ser apasionante para las mayorías, como nos resulta a algunos. Pero lo que sí es un hecho es que las conductas condicionan la vida, el día a día.

El tema a convertir en acción cotidiana es la ética. Y esta no es una receta inmutable, más bien es cuerpo en evolución y, por desgracia, también en asedio por prácticas que lo disminuyen.

En el ámbito público, los avances que en la libertades individuales y colectivas se han dado, y que se supone parte del cuerpo ético contemporáneo, a veces sufre embates que buscan asfixiarlos.

Los llamados valores democráticos no siempre son respetados por quienes prefieren aniquilar al rival, desparecer la diversidad, perseguir al opositor.No importa que nos digan en qué creen o con cuál obispo se toman la foto: lo que hacen nos dice lo que son. 


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