Intimidades Colectivas

Del: “A la bio a la bao, a la bim bom ba” al “puto”

Mi párvula afición al futbol fue marcada por algunas frases de locutores deportivos. Una de ellas tuvo siempre algo de inexplicable: nunca entendí por qué Ángel Fernández usó con taladro la frase “el juego del hombre” al referirse al futbol. Pasaron por mi cabeza de escolar de primaria posibles respuestas que lo único que ensancharon fue la duda, pues si lo asociaba a “valentía varonil” me parecía que cualquier boxeador lo eran mucho más que los futbolistas. Más tarde pensé que quizá el michoacano usaba con H y no con h la palabra “hombre”, aunque sería una exageración suponer que el deporte “del cero-cero y el pasesito para atrás” podía ser el juego de la humanidad. Lo más probable es que “a todos los que quieren y  a todos los que aman el balompié mexicano” quedaba claro que la frase aludía a la virilidad.En la época que Fernández se solazaba apodando jugadores, la porra más famosa para los equipos comenzaba con aquel: “a la bio, a la bao, a la bim bom ba…”. Fallecido Fernández, la narración en los juegos del futbol mexicano se regodea en mediocre vulgaridad (con excepciones, como Emilio Fernando Alonso), y en la tribuna es mucho más socorrido el grito “puto”, al momento que el portero del equipo rival despeja, que el cándido “a la bio, a la bao…”. Ese grito fue estreno mundial en el ídem de futbol en Brasil.La FIFA emitió un comunicado en que informa haber abierto una investigación por “actos cantar insultos anti-LGTB en el estadio de la Copa del Mundo. Se reportó que las dos aficiones tanto de Brasil y México cantaron insultos anti-LGTB”, lo que puede derivar en sanciones a ambos representativos futbolísticos.Según la RAE, esa palabra es un adjetivo que se usa “como calificación denigratoria”. Su uso, en el contexto que hemos abordado y en que el valor semántico sustancial  motiva  su uso, es discriminatorio y ofensivo. Ayuda a comprenderlo también así el primer artículo de la Constitución Política mexicana. Y quizá más que desobediencia a la ley suprema, se trata de la evidencia de lo cotidiano: México es un país homofóbico y discriminatorio. Todas las encuestas relativas lo confirman una y otra vez. ¿Qué medidas tomarán la FIFA, ligas y equipos? Los bandos de policía y buen gobierno prohíben insultar, injuriar y denigrar en espectáculos públicos, ¿qué harán las autoridades?, ¿qué harán los tantos aficionados que corean anónimos y en masa pesadillas disfrazadas? Ante la incapacidad de la afirmación hay quien opta por  denigrar del otro. En todo esto habría que seguir el consejo del genio: “Oh, amigos, no en esos tonos”.  


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