Intimidades Colectivas

El beisbol es de románticos

Uno necesita islas para reposar raciones de sentido. Aunque el reposo en el paraíso dura poco porque lo rentable empuja todo hacia la prisa, a la aplastante victoria de una existencia que engulle y rara vez saborea. Pero lo propio de las islas donde uno reposa el sentido es saborear la existencia.Las aficiones son como islas que ofrecen la posibilidad de saborear trozos de existencia. Y una de las aficiones que caracteriza a La Laguna es el beisbol, hoy de fiesta por la  campaña de Vaqueros Laguna.Acá el beisbol se juega en toda la región y ha servido incluso para mediar en la resolución de conflictos, como escribió Jaime Muñoz Vargas en “Juegos de Amor y Malquerencia”, la novela que ofrece al lector una atmósfera lagunera-beisbolera narrada con sinceridad histórica y, por fortuna, carente de toda precisión histórica. No es necesario en la novela acertar en la historia cuando lo importante es acertar en la recreación, pues allí encontramos claves más eficaces para interpretar un pasado, un episodio, o el motivo por el cual se formó un equipo de beisbol a mediados de 1925 en la mítica comarca lagunera rural. El beisbol se arrulló en la misma cuna que La Laguna de principios del siglo XX. La presencia norteamericana favoreció la mecha beisbolera. Cien años después decenas de campos de imaginarias bardas y lomitas de lanzamiento del tamaño de hormigueros gigantes son parte de los mapas en los antiguos ejidos laguneros.La casa de Vaqueros Laguna, graderío al que se asiste en familia, es el Estadio de la Revolución. No es el más moderno del país. Se inauguró en los años treinta. Pero su fachada decó ofrece formas decorativas de una estética que se impone, por paliza, a la funcionalidad que hoy se elogia de los estadios modernos. Aquí la afición al beis, por cierto, no la transmite la producción televisiva. Acá se hereda la afición al beis. Es un asunto familiar. Como el gusto por los lonches de adobada del Payo (lonches con denominación de origen como el tequila y el mezcal pero sin registro ni papeles). El beisbol en La Laguna permite acumular momentos que recordaremos en sepia para saborear la existencia. Quizá en tres décadas más, sentados en el graderío del Revolución, diré al beisbolero Memo Hernández: “recuerdo aquel doble play de Juan Carlos Linares…out en jardín y balazo a primera, año 2014”, “Sí- contestará él- día de dos jonrones seguidos y del 5-0 a Saltillo”. Tradición centenaria, estadio viejo, afición heredada, comida regional: en La Laguna el beisbol es de románticos. 


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