Intimidades Colectivas

Vivir, morir, narrar.

La muerte es una pregunta de espeluznante respuesta. Pero con un poco de calma suele abonar sabiduría. Para muchos pensadores ha sido la muerte el tema  a partir del cual es posible filosofar y explorar todas las orillas de la vida a fin vivirlas sin más exceso que el respeto a los demás seres vivos y al terrenal hogar que nos alberga. La muerte es la campanilla incansable que siempre nos llama a la vida. A esta.Una de las dimensiones que la muerte impacta con profusión es la memoria y con especial énfasis al recuerdo. A la hora de volver la memoria a aquellos que ya no están en esta vida algo se produce en nosotros que emergen con mayor facilidad los aspectos positivos, los pasajes agradables, en fin, lo mejor de ellas y ellos. Pareciera que las tumbas tienen como función principal no la sepultura del cuerpo sino echar una sólida capa de tierra y cemento a la mayoría de los desagradables momentos que, quizá, se pasaron con quien yace bajo tierra. Algo que por otro lado me parece más útil que cargar toda la vida con la caja- de los horrores- del muerto.La variedad con que la humanidad se acerca a la muerte deja sin fuerza afán alguno por normalizar las conductas ante ella. Los colores de luto no son los mismos en todas las culturas; lo que para unas pudiera parecer vestimenta irrespetuosa en un sepelio a otras  les representa la etiqueta a seguir; lo que para otras pudiera ser una conducta de cariño y gratitud ante quien ha muerto en unas más parecerá un acto impuro… acerca de la muerte, como interpretación, poco hay de acuerdo y eso la reviste con un fulgor de fascinante misterio.Hace poco conocí un modo de presentar los obituarios en periódicos que, hasta donde he visto en México, nunca antes había leído puestos en esa forma. Se trata de recuadros en los que la familia da a conocer el fallecimiento de alguna persona y escribe una pequeña reseña de quien se ha ido. Breves textos que dan a conocer los datos generales y aspectos significativos- a ojos de quienes le sobreviven- del muerto: familia, formación, actividades,  gustos, pasatiempos, bebidas y comidas favoritas, equipos deportivos a quien seguían, etc. En este modo de publicar los obituarios me llamó la atención la confirmación de que a la hora de la muerte recordamos con énfasis lo mejor y lo que nos gustó de esa persona, pero también de que, al final, la muerte es esa campanilla que incansablemente nos llama a la vida: familia, gustos, pasatiempos, actividades… elecciones al fin.


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