Intimidades Colectivas

Violencia e inseguridad en La Laguna, ¿qué aprendimos?

Como en aquellas profecías del Antiguo Testamento, a la Comarca Lagunera le ha tocado vivir periodos de siete años de abundancia y siete de plagas y oscuridad. Los más recientes siete son de estos últimos.
Sólo para contextualizar, recapitulemos las plagas que han azotado la región en estos siete años: violencia que situó en años recientes a la región como entre las cuatro más peligrosas del país; inseguridad que, medida en delitos como secuestro, robo violento y extorsión, ubicaron a la Comarca con tasas de más del doble que las nacionales; crisis de eficiencia y eficacia en los gobiernos locales y señaladamente en áreas de alta sensibilidad como las policías y los servicios públicos; estancamiento en generación de empleo y  remuneraciones; exacerbación de la sensación de abandono por parte de las capitales; sequía de nuevas empresas.
Pareciera, sin embargo, que la oscuridad está cediendo y que los siete recientes años de plagas están, en términos beisboleros, en la parte baja de la octava entrada. De allí la conveniencia de preguntarse por lo básico después: como laguneros, ¿qué se aprendió de todo esto?
¿Los gobiernos locales aprendieron que son fácilmente susceptibles de ser corrompidos en las áreas de mayor sensibilidad- como las policiacas-? ¿Han desarrollado estrategias para fortalecer las capacidades institucionales de control y de servicio? ¿Han asumido que la enorme corrupción, negocio de unos cuántos, termina por debilitar la función de gobierno y la necesaria cooperación entre gobierno y sociedad civil al atrofiar la confianza? ¿Se ha aprendido, por otra parte, que al gobernador de Durango o Coahuila no se le pide ser al mismo tiempo alcalde de Gómez Palacio o Torreón sino socios de su desarrollo? ¿Que resultados no es lo mismo que propaganda?
Como convivientes en la Comarca, ¿hemos aprendido que la complicidad por omisión o conveniencia con prácticas ilegales sofoca el tejido social? ¿Que la segregación se propaga allí donde la exclusión se disfraza de falsa seguridad polarizando sectores? ¿Que la desigualdad en oportunidades es apuesta segura a una sociedad fragmentada y desunida? ¿Que la inclusión fortalece? ¿Que la participación ciudadana es indispensable? ¿Que las conductas cívicas urbanas son amalgama de una mejor convivencia?
Como portadores de una función económica, profesional, de servicio, universitaria, religiosa, etc., ¿Asumimos que la dirección dada a esa función puede servir para distanciarnos, enajenarnos, o, por el contrario, acercarnos comunitariamente? ¿Qué han aprendido los medios de comunicación e información locales?
Hay una tarea por  verse: convertir estos siete años en aprendizaje colectivo.


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