Intimidades Colectivas

Violencia y futbol

Apenas se dejó de hablar de la bronca entre aficionados a Pumas en el estadio de CU, la violencia en el futbol volvió a ser tema con la invasión a la cancha del TSM y la casi lograda agresión al árbitro.

Aún estaba fresca esa discusión cuando surgió el tema del enfrentamiento entre policía de Veracruz y seguidores del Querétaro.

Pero todavía faltaba: una parte de la porra del Atlas, ante la ausencia de campeonatos por más de seis décadas, decidió llevarse el campeonato en estulticia  y saltó a la cancha del Jalisco interrumpiendo el juego e intentando agredir al propio (ex) técnico atlista.

Uno de los contenidos estelares de la televisión en México es el futbol profesional, es decir, el futbol hecho espectáculo.

El paso del deporte al espectáculo conlleva un sinnúmero de consecuencias, entre ellas la más obvia: que el futbol deja de ser solo un deporte.Por esa razón resulta inquietante que la violencia en torno al futbol se aborde casi en su totalidad en las secciones deportivas de los noticieros o en los canales deportivos. Todo acto violento que pone en riesgo la integridad de una, cientos o miles de personas en un escenario donde se desarrolla un espectáculo deportivo o de cualquier índole debe ser un tema de la  polis.En el caso mexicano los casos más dramáticos han estado asociados a las denominadas “barras”, identificables por sus aburridos, monótonos y copiados cantos que se repiten en cada estadio, por cada barra, en cada juego y que en algunos casos han sido impulsadas por los propios equipos.

Pero esa asociación simplifica y desatiende la complejidad del caso.

En no pocas veces el impulsado mote de “mejor afición de México” ha estado acompañado de un componente de agresividad que, al manifestarse, entonces sí hace que la mirada se vuelva a lo riesgoso de ese “modelo de afición”, estructuralmente construida.Detener la violencia entorno al futbol implicará medidas correctivas al actual modelo de afición y de apasionar a esa afición. En el fondo es un proceso de educación cívica.

Por eso no solo debe abordarse en los canales deportivos y tampoco sólo bajo la hipócrita óptica de que los violentos son unos cuántos identificados al margen de la estructura actual del espectáculo futbolístico.

Toda violencia es estructural. 


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