Intimidades Colectivas

Santos-Monterrey: no clásico pero sí rivalidad

Ha dicho Valdano que “el futbol es lo más importante de lo menos importante”. Pareciera políticamente correcto aceptar que así es, porque además la crítica heredera de los partidarios del opio como explicación a lo que la pereza intelectual impide comprender asume la frase como continuidad de la tradición. Así pues, no valiera desgarrarse las vestiduras por nada relacionado con el futbol.

Sin embargo a diario hay contraejemplos. El consumo mediático está dominado por las noticias relacionadas con el deporte-espectáculo y, al menos en México, con el futbol. Como diversos estudios lo señalan, el futbol interviene en múltiples mercados y espacios colectivos de significado. Resulta precisa la observación de Estavillo, producto de una amplia investigación, en el sentido de que el futbol es “un ámbito de interés público”.

Desde esa perspectiva, comentar el juego de hoy en Torreón entre el equipo de casa y el Monterrey queda incompleto si se hace al margen de los aspectos sociológicos y culturales que subyacen al encuentro en la cancha.

Se ha planteado que es un clásico. No lo es. No todavía en la esfera del espectáculo nacional. Más allá de las fronteras regias y laguneras el juego despierta poco interés. Ni siquiera suscita las emociones presentes en los seguidores de los Tigres cuando se enfrentan a los Rayados.

Cabe la reflexión acerca del sentido que tiene un “clásico” o los clásicos de futbol en el país mismos que no se explican sin considerar el proceso de conformación histórica de la liga de futbol en México y la incursión de la televisión en ella, particularmente con la adquisición del América por parte de Emilio Azcárraga. El futbol “nacional” surge en dos regiones que expresan el centralismo característico del país: la ciudad de México y Guadalajara. El clásico nacional debe gran parte de su condición a la intervención de la industria del espectáculo y no solo a la rivalidad per se (aunque existía por aquello de la mexicanidad contra los extranjeros, el pueblo contra los ricos y más antinomias útiles a la hora de construir mediáticamente un clásico).

Santos-Monterrey es rivalidad, entendida como expresión de tensiones simbólicas entre regiones a través del futbol. Ser aficionado de un equipo no es solo una opción deportiva sino la adopción de una narrativa. No en vano se asume que el Santos forma parte de la identidad lagunera, como se dice del Pachuca o del León en sus regiones. El futbol como espectáculo permite depositar en el equipo local la narrativa mitológica regional. De allí la pasión que despiertan los juegos del Santos contra los equipos de Monterrey.

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