Intimidades Colectivas

Propaganda gubernamental y Síndrome 5 de mayo

“¡Ay, esos Altos de Jalisco…!”, región de referencia cuando se habla de mujeres bellas en México. Guadalajara, donde viví tiempo ha, no sólo huele a tierra mojada sino que ondea orgullosa los ojos sin par de sus mujeres. Así lo he escuchado en conversaciones que, pese al chauvinismo que caracteriza a ciertos temas en nuestro país, se reconoce la belleza de las jaliscienses y en eso no hay decisión dividida. Para alegría nacional lo mismo podría decirse de Sinaloa, Sonora, La Laguna, El Bajío y decenas de regiones más.Hay quien dice que la bendita culpa de tal belleza se debe en buena medida a los franceses llegados a México en la segunda mitad del siglo XIX, tanto los venidos por las buenas como aquellos que, por las malas, vinieron a cobrar facturas.La historia, ese cruce de circunstancias a la que en perspectiva se le llena de razones, no solo nos heredó, en cuanto a la presencia francesa, lo anotado más arriba, sino una suerte de orgullo nacional que bien puede servir de metáfora para comprender ciertas prácticas y festejos contemporáneos, incluida la toma del Ángel de la Independencia. El 5 de mayo de 1862 según informe enviado por el general Ignacio Zaragoza al Ministro de Guerra, las armas nacionales se habían “cubierto de gloria”. Ese día los defensores de la nación  derrotaron a la milicia francesa dirigida por el general Lorencez quien, desde Veracruz y “en la plenitud del pinche poder”, había escrito a sus superiores que los franceses tenían “superioridad de raza, de organización, de disciplina, moralidad y elevación de sentimientos” y suelto de boca y aún más de pluma, afirmó que con seis mil solados Napoleón III “ya era dueño de México”. Y eso sí calienta: entonces los dirigidos por Zaragoza los aplastaron.  Porfirio Díaz echó la caballería tras los franceses que corrían más aprisa que los deseos de Lorencez. El resultado, al cabo de un año, y 28 mil soldados franceses, fue la llegada de Maximiliano. El 5 de mayo se ganó la batalla. Un año después la guerra se había perdido. Aún así, como Riva Palacio en “Calvario y Tabor”, mucho se podría agradecer y aprender acerca de dignidad nacional desde esa batalla.Hoy el cinco de mayo es fiesta nacional, pero, también, síndrome cultural y estrategia de propaganda gubernamental a través de la cual los gobiernos afirman que sus gobiernos se han cubierto de gloria porque hoy “han bacheado los baches” y “pintado lo despintado”, o porque “hace ratito hubo menos robos que hace ratote”, y despliegan su ofensiva mediática como si hubiera de celebrarse no el deber de un día sino una victoria eterna. 


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