Intimidades Colectivas

Prensa asediada

No ser dueños de la verdad absoluta incomoda a muchos en el poder. No tener entre sus propiedades a la verdad hace que, como placebo, como suplemento, como incapacidad disfrazada, algunos de quienes ostentan el poder político quieran imponer su verdad como la única verdad por el medio que sea.

Y no escatiman. De la plata al plomo, de la seducción a la persecución, de la cacería al festejo complaciente, siempre habrá un método para pretender imponer su verdad.

Cada vez que leo reportes internacionales acerca de la libertad de expresión que nos colocan en los peores lugares y donde más riesgoso resulta el ejercicio periodístico me duele constatar nuestra incapacidad institucional para el diálogo respetuoso y el debate abierto.

Resulta interesante notar que en una época en la que el seguimiento de noticias de alto impacto en la vida cotidiana de las personas está siendo, de modo masivo, a través de redes sociales, plataformas ciudadanas en internet, otras anónimas y otras hasta circunstanciales, la prensa sea objeto de asedio y persecución.

Pese a la crisis de viabilidad financiera que padecen muchos medios en plataformas tradicionales (como el papel) y el ajuste de estrategias económicas que ello implica, sumado a la creciente relevancia de internet como fuente de información, soy de los que creen que necesitamos una prensa fuerte.

Necesitamos una prensa fuerte porque tenerla es contar con una plataforma sólida para el debate que dinamiza sociedades.

Una prensa asediada es síntoma de que a algunos les incomoda la democracia. Los autoritarios no quieren a la prensa, por eso la seducen o la amenazan, la compran o la castigan.

Una prensa fuerte significa también una prensa profesional. Reconozco que en este ejercicio con frecuencia se confunde la nota con la noticia, la consigna con el fondo y la filtración interesada con la investigación.

Pero una prensa fuerte es necesaria para la democracia y con mayor razón en la era internet, donde la moderación del debate apremia ante la facilidad del rumor, el infundio y la ausencia de sustento.

Por eso es de lamentar cualquier acción exógena e interna que ponga en riesgo la permanencia de una prensa fuerte y profesional. El costo social es muy alto.