Intimidades Colectivas

Odio

Matar como concreción del odio es un signo de estos tiempos. Desear el mal a otra persona no es suficiente; hoy ese deseo debe ser activo, aniquilar.Despierta indignación un ataque terrorista y más -injustamente- si sucede en un país europeo occidental o norteamericano.

Lo ocurrido en Bruselas volvió a conmover a la opinión pública de estas regiones y, aún con el aturdimiento, el enojo y el dolor frescos, otro suicida dejó esparcido en un parque de Lahore, Pakistán, sesenta y cinco cuerpos sin vida este domingo.

Según las notas, en su mayoría mujeres y niños.Los asesinados y heridos de Lahore eran cristianos que se habían congregado a celebrar la Pascua cristiana.

Hay una guerra internacional de motivaciones complejas y absurdas, como sucede en toda lucha que pasa por la aniquilación del otro diferente, mayoritariamente inocente.Resulta aberrante que para justificar el asesinato cobarde se invoque una tradición religiosa.

Atacar, denigrar, excluir a otras personas porque no creen en mi deidad y a mi modo invariablemente será trágico, así ha sido siempre y ninguna de las grandes tradiciones religiosas escapa a tal vergüenza en su haber.  

Por lo ocurrido recientemente, Cameron ha llamado a defender la Inglaterra cristiana ante la ideología terrorista. ¿Se valida así a la actual como una guerra religiosa? Religión en política no ha sido sana combinación.

Sin embargo, si revisamos la película, caemos en cuenta que la paz no caracteriza a este planeta. Y en la era global un enfrentamiento pone en juego intereses multilaterales que ninguna frontera es capaz de contener.

¿Estamos ante la modalidad 2,0 de las centenaria diferencias entre árabes y occidente?, ¿entre musulmanes y cristianos y judíos?, ¿es esta una guerra propia de la economía global de la geodesigualdad?Maldito el oscuro placer de aquellos que hacen de la muerte y el sufrimiento del diferente la prueba de su triunfo.La paz no se construye en los extremos, donde, por definición, el primer aniquilado es el diálogo.

El camino a la paz, absurda paradoja, suele empaparse de sangre. 


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