Intimidades Colectivas

Navidad (sin nacimiento de Jesús)

El acontecimiento histórico de mayor impacto en Occidente aún es el nacimiento de Jesús de Nazaret. Natividad que la tradición cristiana asienta, en nuestro calendario, el 25 de diciembre. A partir de ese hecho el mundo ha padecido el surgimiento y caída de imperios: romano, azteca, inca, español, británico, norteamericano; la revelación de territorios ignorados en la cosmovisión europea- el hoy continente americano-; la invención de toda clase de artefactos desde la imprenta hasta los satélites que permiten que este texto pueda ser leído un segundo después de su publicación; la conformación de cuerpos jurídicos cuyo alcance justiciero difícilmente rebasa la moral del nazareno. Mucho se ha descubierto, inventado, innovado, modificado y aquél acontecimiento sigue allí.
No me imagino a ningún despacho de publicidad bosquejando una campaña de posicionamiento a partir del nacimiento de un niño de padres pobres y que por incubadora habría de tener un corral dispuesto en una cueva. En nuestros días esa campaña, como entonces aquel nacimiento, pasaría inadvertida. De hecho lo periférico no es “trend”. Un nacimiento de ese tamaño no sería “hashtag”( ni que fuera el de alguna princesa para serlo), y apuesto a que, si fuera el caso, no tendría “likes”. Sin embargo, a la distancia (y me refiero a la lejanía no solo temporal sino principalmente profética) el acontecimiento navidad es “trend”, “hashtag” y motivo de “likes”.
Simbólicamente, ¿qué da fuerza a aquel acontecimiento?, ¿que se trata del nacimiento de un niño pobre que a la postre habría de ser reconocido con el escandaloso y poco discreto título de Hijo de Dios?, ¿o será que nada motiva mejor los sentimientos  de cordialidad, generosidad y benevolencia que el recuerdo del nacimiento de un niño nacido en un corral?, ¡Hasta Santa, ya sea en su versión turca, sueca, finlandesa o cocacolesca hincha las líneas de producción para que sea en esta fecha la noche de los regalos con monedero electrónico y hasta 3 navidades para pagar! ( Y a todo esto, en efecto, ¿qué culpa tienen los pavos en el centro norte del continente y los guajolotes en Mesoamérica?)
Para algunos, sin embargo, la Navidad sigue teniendo como motivo central el nacimiento de Jesús y difícilmente celebran y recuerdan ese acontecimiento al margen del entorno social. Qué bueno que haya mezcal, guajolote y oro para celebrar (la fiesta debería ser derecho humano) y qué mejor que ese acontecimiento alimente el sentido de manada que con frecuencia el ser humano deja para después o para la limosna. Mientras tanto, como dijo Borges: “Felices los felices” y que pasen muy buena noche buena.


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