Intimidades Colectivas

Juan XXIII y Juan Pablo II en el tablero de Francisco

El 27 de abril la Iglesia Católica tendrá dos santos más: Juan XXIII y Juan Pablo II. Dos papas emisarios de dos visiones de iglesia y cuyas diferencias  son más evidentes que sus coincidencias.
La santidad en la narrativa católica es fundamentalmente un modelo. Un referente de vida para la práctica de la fe. Lo que tenemos con los dos siguientes santos son dos modelos acaso contrapuestos y emerge, entonces, la pregunta por el mensaje que ha pretendido enviar con esto el papa Francisco.
En el último siglo, la oferta de sentido y mensaje religioso católico han entusiasmado menos y a cada vez menos. Y allí donde aún es numerosa la iglesia el interés es puntual: catolicismo de semana santa y  navidad (el PEW Research Center mostró que las tendencias de búsqueda en Estados Unidos de la palabra “Iglesia” de 2004 al 2013 tienen picos en esas dos épocas del año). Agréguese que la última década ha sido subrayadamente difícil para la credibilidad eclesiástica ante el escandaloso involucramiento de sacerdotes en casos de pederastia. Se postulan en este contexto dos modelos de santidad.
Juan XXIII no tuvo, ni tiene, el impacto mediático y comercial de su próximo compañero en los altares (no es casual que agencias de viajes vendan paquetes para la canonización de Juan Pablo II- como si la otra no existiera). La labor de Juan XXIII no apuntó al maquillaje sino al rostro de la Iglesia. Transitó del conservadurismo antimodernista hacia la búsqueda de una Iglesia acorde a los tiempos,  ocupada en la paz y la justicia social: convocó al Concilio Vaticano II, el hecho más importante para la Iglesia en todo el siglo XX.
Juan Pablo II ha sido el primer papa de la era mediática. Su innegable carisma se ajustó al desarrollo de las telecomunicaciones en las casi tres décadas de su papado. Gracias a la producción en torno a su figura tenemos memoria de sus espectaculares presentaciones masivas y su habilidad para la comunicación (¡México siempre fiel!). Pero también gracias a otros  medios y a la ausencia de producción supimos de ese otro Juan Pablo II que muchos padecieron (con vergüenza recuerdo aquel regaño a Ernesto Cardenal en el aeropuerto de Managua; o su protección a  Maciel; o la crisis a que orilló a la Orden de los jesuitas -de la que es parte Jorge Bergoglio, el papa que ahora lo canonizará).
Tengo para mí que el futuro santo Juan Pablo II embona con una iglesia de fans; en tanto recuperar a Juan XXIII, a través de su canonización el mismo día ( por decisión de Francisco) destinado a Wojtyla es volver la mirada al sentido del Vaticano II: hacer la paz, la justicia y el bien común. ¿Allí el mensaje del papa?.


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