Intimidades Colectivas

José Tomás

El toreo no pasa por sus mejores tiempos. Aquí y allá detractores buscan su prohibición. En ciertos lugares encuentran eco en autoridades a quienes no les importa tanto el tema como el tomar venganza de algunos rivales de política y negocios.

En otros rumbos, hay que decirlo, el toreo no pasa sus mejores tiempos porque está en manos de mercaderes a quienes sólo les hace falta poner publicidad en la panza de los astados.

El toreo no pasa por sus mejores tiempos porque cada vez son menos los festivales; más pobre la selección de diestros y bureles y harto descuidada la seriedad de la autoridad de plaza.

Pese a que el toreo no pasa por sus mejores tiempos, ayer en la Plaza México, en reventa, se habrían pagado hasta seis mil dólares por ver torear a José Tomás, quien, según se ha informado, cobraría un millón de dólares por, en un mano a mano con Joselito, torear tres toros. Y se los han pagado.

Una de sus condiciones para la lidia es anticlimática: que no haya tele en vivo. La pasión de los más de cuarenta mil que tapizarán las gradas del embudo de la colonia Nápoles ha de ser el único testigo coral del regreso del resucitado a la México.

Sólo por la crónica de las redes digitales podrá saberse lo que está ocurriendo allí donde hace más de dos décadas Jorge Gutiérrez y Manolo Mejía confirmaron alternativa de quien hoy es la referencia mundial del toreo.

Cierto, el toreo no pasa por sus mejores tiempos, pero hoy, ayer domingo, la plaza de toros más grande del mundo se llenó como si estuviera soñando o recordando sus mejores épocas.

Pero para que el toreo pase por sus mejores tiempos no hace falta magnitud sino verdad; no se requiere multitud sino esencia; no implica saturación sino el justo óptimo.

Que no pasa por sus mejores tiempos es decir poco de mucho o demasiado de lo obvio. Para este tema, sin embargo, habría que matizar: para el toreo siempre serán buenos épocas si al menos un torero es capaz de pintar en el alma del aficionado un Olé de oro y verdad.

Hoy que no pasa por sus mejores tiempos, el toreo tiene, bendita la época, a José Tomás. 

 

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