Intimidades Colectivas

Jesús, Nietzsche, Silvio Rodríguez

Tengo para mí a Jesús de Nazaret como uno de esos que Silvio Rodríguez llamó imprescindibles: sabiduría práctica; todo, menos convencional; aún crucificado se escabulle cada vez que oficiosos del tema pretenden reducirlo a souvenir y humo, a mago para toda ocasión.Jesús el nazareno: Espejo y ventana; pregunta y respuesta; revelación y misterio; ausencia y tatuaje; “anacronismo eterno”.Tras sus gestos Occidente se ha situado para definirse y también para repensarse sin él y lo asociado a él. Acá como resultado tenemos, sin embargo, vacaciones de semana santa.

A veces nos gusta llegar a nuestro destino por atajos y en otras preferimos los rodeos.

Múltiples atajos (¿rodeos?) me han ofrecido saludables perspectivas, ajenas a discursos doctrinales oficiales, acerca del nazareno. No son tratados ni estudios sistemáticos: a veces una canción, otras una pintura, una novela o aforismos que calan como pedrada en la cabeza.

Comparto dos hoy, uno de Silvio Rodríguez y otro de Nietzsche.Silvio escribió una canción que llamó “Jerusalén año cero”, y es uno de mis atajos musicales favoritos al nazareno: “Algunos dicen que es falso y otros repiten que es cierto…que iba posada en sus ojos un ave del mediodía…Se dice que la chusma lo seguía, que en su palabra sencilla se lavaba la mañana.

El Rey de los judíos, el hijo de los hombres, el Cristo, el nazareno lo llamaban…Jerusalén, año cero y se cambió la suerte con lo que pasó; Jerusalén, año cero fue el lugar donde ocurrió o donde no…”Y quizá el atajo  más duro de roer pero altamente saludable ha sido Friedrich Nietzsche, hijo del pastor del pueblo de Röcken junto a cuya iglesia descansan los restos de quien sentenció  “Dios ha muerto”.

El autor de El Anticristo  lanzó en ese pequeño libro un fulminante balonazo a la cara: “En el fondo no hubo más que un cristiano y ese murió crucificado…es falso considerar como rasgo distintivo del cristiano una “fe”…solo es cristiana una vida como la que vivió el que murió crucificado…el cristianismo verdadero, genuino, será factible en todos los tiempos. No una fe sino un hacer… un “ser” diferente.”  



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