Intimidades Colectivas

Francisco: un Papa de otra Iglesia

Alguien me contó lo sucedido a una amiga en un templo mientras hacía fila para comulgar en la misa de su comunidad. Debo decir que el sacerdote solía actuar con amabilidad y justamente unos días antes le había confiado que ella era divorciada, contándole parte de las humillaciones a que fue sometida por años y que motivaron su separación.

Ése domingo, al llegar su turno de comulgar, el sacerdote le espetó que sería la última vez que le daba la comunión, pues ahora ya conocía su historia.

Cuando supe esto, hace meses,  sabía yo que en octubre escribiría este texto. Confiaba  que, a pesar de la férrea oposición e incomprensión que enfrentaba, el Papa Francisco lograría sumar ánimos de un buen grupo de obispos para llevar adelante su ejemplo y petición de recuperar para la Iglesia la misericordia y el discernimiento en su pastoral de la familia.No me equivoqué.

Con su ejemplo, testimonio, trabajo y diálogo, Francisco parece un papa para otra Iglesia, una que mediante el discernimiento trata de situarse en el mundo de hoy desde “los ojos de Dios”, como lo dijo él, y no desde una doctrina cincelada en roca.

En su discurso final, el Papa jesuita, lector de Borges, afirmó: “el primer deber de la Iglesia no es lanzar condenas o anatemas, sino proclamar la misericordia de Dios, llamar a la conversión y llevar a todos los hombres y mujeres a la salvación en el Señor”.

Para casos como el que mencioné al principio, el Sínodo invita  al discernimiento, a la oración y a la comunión. Antes de la condena, la misericordia; antes del anatema llamar a la conversión; antes de lanzar piedras, llevar a la salvación.

Los cambios en la Iglesia son lentos pero calan hondo. Parecen temas de teólogos pero influyen en el día a día de millones de personas.

Lucen del ámbito de la fe pero impactan en conductas, tradiciones, culturas. Y aunque Roma esté lejana, la transformación se ha de concretar en cada comunidad parroquial, en cada persona que se viva católica.

Para concluir los trabajos sinodales, en la misa final y ante laicos y pastores de 120 países que estuvieron presentes, el Papa Francisco inició su sermón con su testamento: “Es el tiempo de la misericordia”. 


twitter.com/letrasalaire