Intimidades Colectivas

Eduardo Olmos en su soledad

Eduardo Olmos presenta hoy su último informe de gobierno y con él clausura simbólicamente su encargo como alcalde de Torreón. En los hechos comenzó su cierre el 2 de julio pasado cuando, pese a que por sí solo el PRI no fue capaz de retener la alcaldía, los pactos que la ley permite dieron el triunfo a su amigo de todas las contiendas políticas y electorales desde que se inició en política: Miguel Riquelme. Ninguna pareja vigente en política lagunera se conoce  mejor entre sí que la de ellos.
Olmos sabe que pesa sobre su administración una percepción negativa pero que a la hora de la única encuesta que vale, las elecciones, salió avante. Tejer el lienzo del triunfo de Riquelme implicó aceptar la necesaria separación entre lo que él representaba para el electorado y el candidato de su partido. Al final la estrategia funcionó.
Sabe también Olmos que deja una ciudad con un déficit en servicios públicos (paradójicamente hace cuatro años una magnífica campaña de un par de meses enfocado en servicios públicos marcaba su diferencia con la administración que le antecedió). La situación en SIMAS es la máxima expresión de la incapacidad que se tuvo para cumplir con buenos resultados el mandato elemental de un gobierno municipal. Lo anterior aunado al entorno de incidencia delictiva propició la calificación que una mayoría otorgó en percepción.
Y sabe también Olmos que lo más relevante de las decisiones que tomó, aquellas de vida o muerte,  no serán aquilatadas hasta pasado un tiempo. Es más sencillo para cualquier persona hacer notar deficiencias evidentes a saber qué policía municipal recibió Olmos de la administración que sustituyó, y cuál deja. No sólo para Olmos, para cualquier alcalde de México en los últimos siete años estos han sido los más difíciles de gobernar. Cada acción debieron hacerla en un entorno de mayor o menor amenaza según la fuerza del poder fáctico más influyente en la actualidad: la delincuencia organizada (a no pocos les costó la vida). De modo que el desempeño habría que cotejarlo con el entorno. Y esto, lo sabe Olmos, no será aquilatado hasta pasado un tiempo.
Los suyos le aplaudirán. Los inconformes seguirán sus agrias y en varios temas justificadas críticas. Los desleales ya han asegurado nuevos espacios. “Los amigos” esperarán qué futuro le espera a Olmos para ratificar o no su “amistad”. Por lo pronto hoy rinde su informe ante quienes siempre estarán con él en Torreón: La plaza Mayor, el Bosque Urbano y quien acompaña al ser humano y más a los políticos en estos ratos de clausura: la soledad.  Lo sabe él porque es un buen lector de poesía.


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