Intimidades Colectivas

Eclipse de Dios

Martín Bubber, uno de los filósofos más importantes del siglo XX, nombró felizmente a uno de sus libros “Eclipse de Dios” (más tarde mi querido maestro Jorge Manzano actualizó en una breve reflexión diez “eclipses”, en alusión a aquella expresión). 

Es lógico que si Dios es tal sería absurdo hablar de su muerte (Nietzsche), y si no existe tampoco tiene caso hablar de “Él”. Bubber, entonces, sitúa su reflexión considerando “el proceso por el cual Dios y todo lo absoluto se han vuelto irreales”. Para el pensador judío lo irreal no se da en el ámbito de la no existencia sino en la dimensión relacional: el no encuentro.

Lo irreal sería aquello ante lo que no nos encontramos. El amor de una persona nos puede pasar inadvertido si no salimos a su encuentro, si no nos exponemos a su influencia aunque esté allí.

Podemos tener ojos y no mirar, tacto y no palpar, etc. Si no nos encontramos con la alegría o el dolor de las otras personas eso no significa que no existan, pero pasan por irreales a nosotros: están eclipsados.La expresión y el sentido de “Eclipse de Dios” vino a mí esta Semana Santa porque, aunque de modo virtual, nos encontramos con hechos horrendos que manifiestan ese eclipse: el asesinato cobarde de alrededor de 147 personas ( supuestos no confesos musulmanes y sí cristianos) y cínicamente asumido por el grupo terrorista  Al Shabaab (“los jóvenes”).

Pero también las noticias de Siria y Yemen. ¿Demasiado lejos? Tan lejos como pueden estar los migrantes o jornaleros en México o aquellos lugares del país a merced del terror que propina el crimen organizado. Eclipse: algo se interpone. Algo se ha interpuesto en las relaciones del ser humano hoy que el eclipse caracteriza la experiencia cotidiana de miles de millones de personas.

Esta semana supimos de Hudea, la pequeña de cuatro años que ante la lente de una cámara alzó sus manos en señal de rendición, pensando que se trataba de un fusil.  La inocencia rendida, el triunfo de la barbarie.La barbarie como negocio, cinismo como argumento, bala como palabra, blasfemia como doctrina. Eclipse. No condición de todos sino eclipse para unos: las y los irreales. 


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