Intimidades Colectivas

Crónica de sismo en el piso quince

Soy de los que toman ciertas precauciones cuando pernocto en algún hotel de la ciudad de México. El jueves no fue la excepción. A las once y cuarenta de la noche estaba ya en una cama del piso quince en uno de esos hoteles altos de Paseo de la Reforma.

Pienso que el viajero en la ciudad de México tiene más o menos presente que estar en esa ciudad es encontrarse en una zona sísmica que carga sobre sí el doloroso recuerdo del ochenta y cinco. Así lo corroboré con los brasileños y argentinos con quienes platiqué en el camellón central de Reforma a la espera del aviso para regresar al hotel.

Primero escuché el sonido incesante de una sirena, luego percibí sonidos extraños, como si en los cuartos de al lado los muebles fueran movidos ruidosamente a propósito. Al levantarme, sentí que era más que una sirena y ruidos vecinos: las paredes comenzaron a quejarse como si se empujaran unas a otras.

Temblaba.

Cuando entré a la ruta de evacuación ya había un río de nervios en forma de personas. Bien tomados de los pasamanos que se movían lateralmente como nosotros, bajamos los quince pisos. Pese al temor, quien iba adelante del grupo hizo de líder natural enfocando a esa larga fila en su objetivo: salir lo más rápido y ordenado posible a un lugar seguro.

Al llegar al punto de reunión a la mitad de la avenida habían pasado los casi tres minutos de sismo. El personal del hotel, es de reconocerse, fue presto para atender a quienes nos hospedábamos esa noche y en particular con quienes mostraron mayor temor.

Luego vino una larga espera mientras revisaban las instalaciones. Cuando dieron aviso para volver a las habitaciones, el fuero interno de cada huésped aún no lo autorizaba.

Y en medio de esa zozobra, en ese no lugar, los que apenas un par de horas antes éramos absolutos desconocidos, platicamos de cosas relevantes como la familia, de lo que más queríamos. Hablamos como si nos conociéramos de muchos años atrás.   

Tuvimos la suerte de platicar. Tristemente decenas de personas no lo podrían hacer más. 


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