Intimidades Colectivas

Chiquero electoral

Un proceso electoral hace que en México todo pueda suceder: desde el asesinato o desaparición de candidatos (más de veinte en esta ocasión) hasta la difusión de conversaciones telefónicas producto de espionaje haciendo de éste una práctica normal.

Pueden darse desafíos a la legalidad que van desde el robo y quema de boletas electorales hasta la vulgar promoción partidista ordenada a empleados de la farándula televisiva en plena veda electoral. Incluso pueden coexistir formas de rebeldía electoral aparentemente opuestas pero igualmente desafiantes de la legalidad: la CNTE y el Partido Verde.

En un proceso electoral en México cabe esperar aún lo más inaudito: que por cálculo político se toleren prácticas ilegales como aquellas comprobadas al Partido Verde y que le costarán millones de pesos en multas que, a final de cuentas, serán pagadas con impuestos de contribuyentes.

Es sorprendente la manera como en México se pervierte todo avance democrático.

Dos décadas y media después de haber logrado crear instituciones ciudadanizadas para la organización electoral y protección del voto hoy el descrédito arropa a los partidos políticos y al INE, a tal grado que la opción de anular el voto se posicionó como uno de los debates principales en pleno proceso electoral.  

Podrir las cosas parece un deporte normal en el país: si la elección es libre, entonces se compra el voto; si las instituciones electorales se ciudadanizan, entonces se condiciona su composición; si las redes sociales amplían el debate y la información entonces se pagan ejércitos de saboteadores virtuales; si como gobierno no se funciona entonces se espía al adversario y se construye una campaña sucia; si la dignidad se interpone entonces las armas y los pactos con bandas se activan, etc.

Un proceso electoral en México lejos de tener como escenario el ágora de confrontación de hechos, ideas y acciones, pareciera que tiene como espacio de realización una pocilga y aún aquellos que entran al mismo con trayectorias y valores distintos, saben que tendrán que soportar toda clase de fetidez antes de obtener el favor de la aún llamada voluntad popular.

Qué bueno que ya es 8 de junio.


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