Intimidades Colectivas

Adiós, damas y caballeros

En el uso común damas y caballeros son sinónimo de mujeres y hombres, respectivamente. Si se asiste a algún espectáculo quien presenta suele abrir el evento con un: “damas y caballeros”. No importa si en las butacas hay niños, jóvenes, o quien sea. Se generaliza y sobreentiende que  damas serían las mujeres asistentes y caballeros los hombres, sin importar- diría José Alfredo Jiménez- “eso de las clases sociales”.
Sin embargo, en su origen estas palabras aludían a un tipo social de cierta clase. Del tránsito entre  latín, francés y luego el español, la dama fue “La Señora”, una mujer noble y distinguida; en palacio fueron  acompañantes de la señora principal. Luego de muchos años, como en tantas otras cuestiones, se asoció el término al de mujer o hasta a la  acompañante de  novia, quien el día de su boda hace de las amigas sus damas. El caballero, dice el diccionario de la RAE, es el que cabalga, un hombre de cierta nobleza. Hoy, además de indicar el baño al que debe acudir la mitad de la población en lugares públicos, se usa para referirse a los hombres con o sin caballo.
No es aquí el tema pero recuérdese que las palabras tienen historia y contexto. Que el lenguaje evoluciona (e involuciona) y genera comportamientos o valida otros. El uso de “damas” y “caballeros” también tiene un sentido de cortesía y nobleza en el proceder (dama, caballero, nobleza, cortesía) originario de un estadio histórico ajeno a la ciudad y democracia actuales.
El lenguaje facilita la relación con la realidad, la vuelve comprensible, pero también puede invisibilizar. Si el lenguaje ha cambiado es porque la realidad lo ha hecho. En este sentido, “dama” y “caballero” hicieron visible un tipo social y sus prácticas cortesanas, al tiempo que invisibilizaron otros.  
En la actualidad, ¿quiénes harían las veces de “damas” en los “palacios” actuales?, ¿quiénes los caballeros que poseen caballo y armas para defender al rey? De acuerdo con Juan Gabriel la costumbre es más fuerte que el amor y quizá a damas y caballeros les queden décadas pero es tiempo de hacer visible, por el lenguaje, tipos y urbanidades contemporáneas. Por ejemplo, ¿cómo hacer visible al peatón o al bicicletero y la urbanidad que le es consustancial?, ¿cómo hacer visible los diversas modos de movilidad  y, repito, urbanidad citadina? Hoy el automovilista es el antiguo caballero, no por la práctica pero sí en el prestigio social a partir de su objeto de movilidad: el auto. De allí que en la ciudad sea definida la conducta urbana citadina a partir del auto propio. El tú, yo y nosotros citadinos definidos desde la moral del auto. ¿Algún día se usará menos “damas” y más “bicionarias”?


twitter.com/letrasalaire