Factor Económico

¿Quiénes pagan los impuestos en México? II

Como en el resto del mundo y aduciendo razones de eficiencia económica y promoción de la inversión productiva, generadora de empleos, el esquema fiscal se fue moviendo hacia la recaudación indirecta, es decir aquella que grava el consumo de las familias, mediante impuestos a las ventas y al valor agregado (IVA), porque en teoría, las empresas destinarían sus recursos a la reinversión productiva y el crecimiento económico.

Sin embargo, es un hecho bien sabido, que las empresas reinvierten en activos fijos, no en función de los impuestos que graven sus utilidades, sino en función de la realización de ventas y la obtención de utilidades.

De ahí que en países nórdicos como Suecia, Noruega y Dinamarca, las empresas son sumamente rentables a pesar de pagar tasas mucho más elevadas de impuestos. Así, en un mercado interno deprimido y debilitado por los impuestos que gravan el consumo, las empresas no invierten en producción, ni maquinaria y equipo, porque sus expectativas sobre utilidades y ventas son negativas, no importa si sus tasas de impuestos son bajas o si la tasa de interés en el mercado también lo es, como lo muestra el libro de Emilio Caballero Urdiales.

“Política Fiscal e Inversión Privada en México” en el que demuestra que el ISR no distorsiona las decisiones de los agentes económicos en contra del trabajo, ahorro e inversión, mientras que el IVA ejerce un efecto depresor sobre la inversión privada, mientras que el incremento en la recaudación por concepto del ISR no desalienta la inversión privada, siempre y cuando se utilice para financiar el gasto público primario. Ya desde 1937, John Maynard Keynes, enfatizaba la importancia de la demanda efectiva y el consumo de las familias como motor del crecimiento económico, elemento que permite a las empresas realizar las mercancías y obtener utilidades, de forma que el famoso economista recomendaba gravar a las familias con ingresos elevados para favorecer la redistribución de la riqueza, y desgravar los ingresos de los trabajadores y su consumo, para favorecer las ventas.

En México, la tasa a las personas morales se ha ido disminuyendo con el paso de los años, mientras que se ha gravado en mayor medida al consumo y a los hogares, así la aportación de los impuestos al ingreso de corporaciones y empresas aporta 2.4 por ciento del PIB, mientras que el impuesto al ingreso de las personas físicas 2.7 por ciento del PIB, mientras que la primera es de las más bajas de América Latina, la segunda es de las más altas. En conclusión, la recaudación fiscal en México recae básicamente sobre impuestos indirectos y por ello sobre los hogares, los consumidores finales no pueden evadir, eludir, o trasladar impuestos, no gozan de regímenes especiales, alternativas como la consolidación fiscal o el amparo.

Los datos establecen que 60 por ciento de los casos de amparo que llegan a la Suprema Corte de Justicia son por cuestiones fiscales. Ello aunado al bajo nivel salarial le genera al gobierno una baja recaudación y a las familias una menor posibilidad de consumo y reactivación del mercado interno.

* Es profesora investigadora de la Universidad Panamericana.

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