A mis abuelos

Hace muchos años, yo perdí a mis abuelos, ya no recordaba lo que es tomar de la mano a un abuelito y escucharlo contarte cómo se siente, lo mucho que te quiere y la forma en cómo su día es mejor, solo porque estás ahí; la forma en que te abrazan cuando llegas y cuando te vas, anhelando la próxima visita. Pero esta semana, tuve la oportunidad de poder recordarlo, y me hizo reflexionar, sobre cómo estamos tratando como sociedad a nuestros abuelitos.

Tratamos de que la gente mayor esté jubilada y después de cierta edad ni de chiste les damos opciones de trabajo, a sabiendas que muchos de ellos por los tiempos que les tocó vivir no tienen modo de subsistir, pero además, está el hecho de que los que tienen pensión, no llega a ser lo suficiente para tener una vida con calidad; cuando por alguna razón deben acudir a los sistemas de salud, muchas veces, simplemente los pasan y les dan la receta, sin preguntarles ¿cómo están? ¿Cómo se siente? Y hacerles los chequeos que por su edad les corresponden y ellos como es su educación, confían en que el personal de Salud está al pendiente de ellos, aunque cuando uno se acerca y habla con ellos, muchas de las veces nos cuentan que se sienten simplemente ignorados; salir a la calle, usar el transporte público implican todo un reto, porque no pueden caminar rápido o subirse pronto al camión, sino que además la vía y transporte público no están pensados y mucho menos habilitados para que ellos puedan usarlos de manera segura, y bueno hablando de seguridad ni tocar ese tema, que cada día nos entristece y preocupa más, porque ya ni en la casa está uno seguro, o la forma en la que muchas veces son tratados en las tiendas o diversos sitios, incluso por nosotros mismos, que a veces porque llevamos mucha prisa, hacemos comentarios o nos quejamos de su falta de rapidez y agilidad. Todo esto hace que el adulto mayor se sienta, prácticamente orillado a estar en su casa encerrado, esperando con ansias a sus familiares o bien buscar espacios en asilos, porque les hacemos sentir que ya no son útiles.

Ademas de todo eso, está el hecho de que su salud se vuelve frágil, ya no pueden realizar muchas actividades, muchas de sus amistades y familiares empiezan a irse con más frecuencia y la sensación de muerte inminente y de dependencia de otros, genera ansiedad, miedo, tristeza, que muchas de las veces se demuestra con mal carácter (enfado), y bueno ,además dicho sea de paso, con la edad nos volvemos más necios, haciendo que muchas de las veces las personas que los apoyan atendiéndolos, lo hagamos de mala gana.

Nos hace falta recordar, que ellos en sí ya están pasando por un momento de su vida difícil, porque por edad el sentimiento de que “ya no llegan al siguiente año” se incrementa y este pensamiento los sume en depresión.

Pareciera que somos una cultura, donde el adulto mayor no tiene cabida y eso es muy triste.

Retomemos el acudir con gusto a ver a nuestros mayores, respetarlos y atenderlos, y en la calle, la tienda, el consultorio atenderlos con paciencia y cariño, pero además exijamos a nuestros gobernantes, que son los administradores de nuestros recursos, el hacer vías públicas y transporte adecuado para todos los ciudadanos, que además de “verse bonitos” sean funcionales, buscar una mejor forma de pensiones, servicios de salud y actividades para ellos.

Que realmente tengan un buena calidad de vida y que esto a su vez se pueda mejorar con el paso de los años, porque si Dios nos presta vida, lo que hoy viven nuestros abuelitos, lo estaremos viviendo nosotros, solo que nuestros pronósticos, por la calidad de vida que llevamos, no es tan buena como la de ellos.

Propongámonos visitar y atender a los adultos mayores con calidad y calidez, primero a los que tenemos cerca y si nos es posible ir a los asilos, o ayudar a ese vecino mayor, hacerlo de acuerdo a nuestras posibilidades.

De verdad muchas de las veces, ellos solo quieren ser escuchados, y en ese sentido ¿quién no?

Hagamos el intento y poco a poco seremos una mejor sociedad. Un abrazo muy afectuoso a todos los abuelitos y ¡gracias por siempre hacernos sentir queridos!

¡Un beso a mis abuelitos en el cielo y en la tierra que me han adoptado!