Familia y educación

Es curioso como todos nos quejamos sobre lo mal que está la sociedad, que ya no hay valores, que nadie respeta a las instituciones, que la educación que reciben nuestros hijos no es la más adecuada… pero siempre que hacemos estos comentarios es de la puerta de nuestra casa hacia afuera, y no nos hacemos estas mismas criticas hacia nuestro entorno, es decir nuestra familia.

Y es bien sabido por todos, que la familia es la semilla de la sociedad, y esto tiene mucho sentido, ¿en dónde pasamos nuestros primeros años?, ¿con quién convivimos? ¿de quién aprendemos a relacionarnos?

Hasta hace algunos ayeres, creo muchos dirían que con sus mamás, después fueron las abuelas quienes tomaron ese rol ya que las madres empezaron a trabajar y en la actualidad, es más común que el cuidado de los hijos esté a cargo de guarderías o de personas que nos ayudan en el hogar, que no son familiares directos. Esto no tiene nada malo, finalmente la vida es dinámica y nos tenemos que adecuar a estos nuevos tiempos que nos exigen, que ambos padres tengamos que trabajar, pero esto de ninguna manera justifica o nos exime de una de nuestras responsabilidades primarias, que es la atención y cuidado de nuestros hijos.

Muchas veces tenemos uno o dos trabajos que nos mantienen estresados, y como ya lo hemos platicado antes, el estrés se traduce en irritabilidad y mal humor; así que cuando llegamos a casa, con toda la intención de descansar, en cuanto abrimos la puerta recordamos que hay que revisar tareas, entro otras actividades y, además escuchar las quejas de nuestros hijos, de las personas que los cuidan… lo que hace que nos pongamos de peor humor, y terminemos enojándonos por cosas, muchas de las veces, absurdas, tanto con nuestros hijos como con nuestra pareja. Y el poco tiempo que tenemos para convivir se convierte en tiempo de enojo y castigo, ya no hay convivencia.

Es decir que parte del tiempo que pasamos con nuestra familia, por el estrés y demás, es tiempo donde hay gritos, peleas, o bien la pasamos en nuestros famosos smartphones (sociabilizando con desconocidos, e ignorando a los conocidos), por lo que no hay atención en lo que les está sucediendo a los miembros de la familia, y mucho menos interacción; esto hace que, terminamos viviendo con estrés, sensación de estar incomprendidos y sentimientos negativos dentro de nuestra propia familia, que terminan en actitudes violentas hacia los demás.

Veo que puede ser una área de oportunidad, si es que de verdad queremos mejorar como sociedad, empezar por mejorar nuestras relaciones familiares. Busquemos un tiempo para platicar y escucharnos, es importante, sobre todo para los niños, sentirse escuchados y comprendidos, eso abona a su autoestima y seguridad, prestemos atención a lo que de verdad importa y que el día de mañana, no podremos recuperar que es compartir momentos de felicidad con nuestros hijos, jugar, hacer la tarea, incluso hacer las labores de la casa, que ellos entiendan la importancia de que apoyen.

De corazón estoy convencida que eso es algo que puede ayudar a cambiar esta percepción de sociedad, que todos tenemos. Empecemos por nosotros y los nuestros.

Y aunque creo que esto es fundamental, también considero importante que el gobierno, nos dé un plan de educación actualizado e integral, que nos brinde las herramientas necesarias para poder competir con los estudiantes de cualquier parte del mundo, además de que la educación sea de calidad y con calidez, que busquen apoyar e incentivar el desarrollo de nuestros diferentes potenciales, que busquen fomentar el hacernos críticos y proactivos, con nosotros y nuestro entorno, pero sobre todo que sociedad (padres de familia) y gobierno (sistema educativo) busque hacer personas que sean ciudadanos conscientes, responsables y comprometidos.

Ya sé que muchos dirán, que es fácil ver los toros desde la barrera, pero ya que me toca estar del lado de los toros, me doy cuenta de lo difícil que es compaginar todo, pero no estamos solos, seamos participes del cambio apoyándonos mutuamente, compartiendo experiencias, escuchando los consejos de nuestros abuelitos y papás, que ya pasaron por eso; pero además dándonos palabras de aliento, siendo amables entre nosotros, aún cuando no nos veamos en las redes sociales… creo que hay mucho por hacer y cada uno de ustedes tiene tanta experiencia por compartir que nos puede ayudar a mejorar, los invito a que lo hagamos a través de la redes sociales.

¡Que tengan una excelente semana, nos leemos próximamente!