Crónica de Torreón

El vino: tradición secular

La Comarca Lagunera constituye la zona vitivinícola más antigua de México, y este es un dato poco conocido. Esta faceta de la cultura material europea, la producción de vinos y aguardientes de uva (grappas, marcs) existe por lo menos desde 1603, como lo hacía notar el entonces obispo de Guadalajara, Alonso de la Mota y Escobar. Mientras que en el resto de la Nueva España se consumían bebidas fermentadas o destiladas hechas con base en agaves, o bien, se tomaba vino de uva importado de España, en el País de La Laguna se bebían vinos y aguardientes producidos aquí mismo, y una parte muy significativa se comercializaba en las otras provincias novohispanas. La cultura del vino llegó para quedarse. Es un dato de interés que la cuna de la vitivinicultura lagunera haya sido precisamente el “Valle de Parras”. Tomando por ejemplo un año cualquiera, como el de 1786, el pueblo de Parras produjo 57 mil 234 canastos de uva, de los cuales el 74% lo produjeron tlaxcaltecas y españoles del pueblo; un 19% correspondía a la Hacienda del Rosario de los marqueses de Aguayo, y un 7% a la Hacienda de San Lorenzo, actualmente propiedad de Casa Madero. Con esas uvas se produjeron 184 mil 320 litros de bebidas etílicas, de los cuales el 69% era vino de uva, y el restante 31%, aguardiente de orujo, o sea, aguardiente de bagazo de uva fermentado (grappa o marc).  Toda esta inercia cultural de la agroindustria del vino siguió tras la independencia de México. Tan viva, que en el último tercio del siglo XIX, D. Evaristo Madero la aprovechó para fundar la empresa vitivinícola que conocemos actualmente como Casa Madero. En sus inicios, los Madero contaban entre sus productos los siguientes tipos: vino blanco seco, jerez, sauternes, el ajerezado ligeramente dulzaino, el tinto seco, tinto carlón, tinto dulzaino, tinto málaga y vino madeira. Poco a poco, se abandonaba el viejo modelo andaluz de la localidad y se optaba por la fabricación de vinos según el gusto europeo vigente en la época. En vísperas del inicio de la Revolución Mexicana, otra pujante empresa vitivinícola había surgido en la Comarca Lagunera de Durango, en la jurisdicción de Gómez Palacio, apenas a 150 kilómetros al oeste de Parras. Se trataba de “Lavín y Paparelli, Compañía Vinícola de Noé”, integrada por los sucesores de Santiago Lavín, quienes poseían la Hacienda de Noé. Esta enorme propiedad, aunque dedicada principalmente al algodón, incursionaba también en el ámbito de la vitivinícultura con un futuro bastante promisiorio. La producción de 1908 de vinos de Lavín y Paparelli ascendió a 75,000 galones, es decir, 283,906 litros. Esta casa producía los “coñacs” “Angostura” y “Montecristo”; los aguardientes “Lagunero”, “Supremo”, “Orujos de uva”, “Popular”; así como los Vinos “Evaporado”, “Angélica Mexicana”, “Recuerdos de Rioja”. También se fabricaban “Tónico de Quina” y los vermuts “Torino” y “Quinado”. A fines de la primera mitad del siglo XX, surgió la Compañía Vinícola del Vergel, ubicada también en Gómez Palacio, fundada por los empresarios laguneros Luis J. Garza y Tomás Villarreal. El 23 de febrero de 1946 quedó conformada la sociedad Compañía Vinícola del Vergel, S.A. Un año después se inauguraron las bodegas. Fue el italiano Antonio Paelle Minetti quien se hizo cargo de los aspectos técnicos de la instalación de bodegas y maquinaria.  Entre los productos de la Compañía Vinícola del Vergel se encontraban los siguientes: “coñacs” “Mogavi Extra” y “Vergel Supremo”; marcs “Blanco” y “Añejo”; Aguardiente de Orujo; “Noblejo”, vino tinto seco superior; “Verdizo”, vino blanco seco; “Corina”, vino rosado; “Salvador”, vino tinto seco; “Malvasia Port”, vino de “oporto”; “Moscadet”, vino moscatel; “Tokay”, vino moscatel selecto”; “Vermouth Lugano Seco”, tipo francés; “Vermouth Lugano Rojo”, “Vermouth Dulce tipo Torino”; “Eminencia”, vino dulce para consagrar, autorizado; y “Excelencia”, vino seco para consagrar, autorizado. 


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