Crónica de Torreón

La villa cosmopolita y sus hoteles

Como recordaremos, Torreón fue elevado al rango de ciudad el 15 de septiembre de 1907. Y tuvo el carácter oficial de villa, con municipio y ayuntamiento propios, desde el 24 de febrero de 1893, hasta el 14 de septiembre del dicho 1907. Para ser una villa, y no una ciudad capital, Torreón resultaba ser una población extremadamente moderna y dinámica. Prueba de ello era su ferrocarril eléctrico, el segundo o tercero en existir en el país. La villa del Torreón surgió cuando las vías de dos líneas de ferrocarril internacionales se cruzaron en el ámbito territorial de la Hacienda del Torreón (1888), lo que dio origen a un importante ferropuerto en una región económicamente muy productiva, la Comarca Lagunera. La villa se convirtió en una población de carácter agroindustrial. Así fueron los inicios de Torreón. Como era de suponerse, la capacidad económica de la región trajo consigo un gran flujo de pasajeros que venía a hacer negocios, inversiones, o simplemente, a transbordar de una línea de ferrocarril a la otra. Este flujo de pasajeros originó la necesidad de contar con los adecuados servicios de hotelería internacional (por sus instalaciones, servicios y menús) para la población flotante de la entonces villa del Torreón. Pero no solamente servían estos hoteles para hospedar a los viajeros. Muchas empresas y profesionistas que vendían bienes o servicios, usaban los bajos del hotel o sus habitaciones, como oficinas, despachos o bares. Limitación típica de una población pequeña aunque pujante, que carecía aún de infraestructura. Un caso que se repitió muchas veces en las poblaciones que surgieron del ferrocarril en los Estados Unidos. Un año antes de convertirse en ciudad, nuestra población contaba con una buena cantidad de hoteles y propietarios, entre los cuales encontramos diversidad de nacionalidades y lenguas. En 1906 estaban en servicio el Hotel Salvador, en la calle Zaragoza y avenida Hidalgo, de Carlos González. El Hotel París, en la calle Zaragoza y avenida Ferrocarril, de Miguel R. Murúa. El Hotel Torreón, en avenida Juárez número 12, de Antonio García. El Hotel de las Estaciones, de Foon Chuck. El Hotel Internacional, en avenida Ferrocarril, de Eduardo L. White (quien también era propietario de “La Esperanza Saloon”, en Juárez y Acuña). El Hotel Francia, en la calle Ramos Arizpe y avenida Ferrocarril, de Julio Doucet. El Hotel Iberia, en la calle Ramos Arizpe, de Antonio Pajés. El Hotel El Modelo, en la avenida Hidalgo. El Hotel Delmonico, en la calle Ramos Arizpe y avenida Hidalgo, de  Aguirre y Cortinas. El Hotel Carlos Sternau, en la calle Múzquiz, de Carlos Sternau. El Hotel Universal, en la avenida Hidalgo número 8, de Gabriel Ruiz. El Hotel Plaza, en la calle Cepeda y avenida Juárez, de Luis Leclerc.Muchas anécdotas se podrían contar sobre estos hoteles, tantas que tendría que dedicar varios capítulos a esta crónica. Por el momento, contaremos el testimonio de Adolfo Dollero, italiano que hacia 1910 visitó Torreón con sus amigos Vaucresson y Bonetti, y autor del texto “México al día”, publicada en París (viuda de C. Bouret, 1911).Dollero dice sobre el Hotel Salvador: “Nos alojamos en el Hotel Salvador, verdadero palacio digno de una gran ciudad y provisto de todas las comodidades modernas: luz eléctrica, timbres eléctricos, elevador hidráulico, en fin, todo el confort deseable. Nos parecía que nos habíamos transportado a Nueva York o a Chicago”. 


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